Monopolio y Competencia
Cuando se habla de libre mercado, liberalismo económico, la no regulación estatal u otros temas similares, es normal sentir nombrar un tema, los monopolios. Diciendo que estos deben estar regulados para evitar la “explotación” de las empresas sobre los consumidores y así mantener una “verdadera” competencia en igualdad de condiciones. Sin embargo varios autores han objetado estos dichos, en este grupo podemos encontrar a Ludwig Von Mises por ejemplo, sin embargo el más nombrado es Murray Rothbard. A continuación trataré de resumir “Monopolio y competencia” el capítulo 10 de “El hombre la economía y el estado”, aunque muchos lo hemos conocido y leído en su formato como una obra independiente, todo esto con el fin de explicar el porqué los monopolios no deben ser regulados, no sin antes aclarar que toda la información es sacada del libro “Monopolio y Competencia” Publicado por Grupo Unión.
¿Qué es la soberanía del consumidor? El término se emplea en economía para describir el predominio de las preferencias de los consumidores como fuerza determinante en las decisiones de producción. Sin embargo, si bien es cierto que esfuerzos productivos son en su mayoría concentrados en los bienes más demandados, esto no es por una “soberanía del consumidor” sino por la mera elección individual de los productores a enfocar sus esfuerzos a producir dichos bienes, pues son plenamente libres de elegir producir bienes que son demandados o no. Es decir que en rigor lo que existe no es una soberanía del consumidor, sino una “soberanía individual” que envía los esfuerzos productivos a los mercados más demandados por ser los que darán más ingresos.
La realidad es que si se toma al concepto de soberanía del consumidor se puede llegar a incurrir en una seria peligrosa de errores que desembocan en que los monopolios son de alguna manera “inmorales” por viola esta soberanía. Pero se debe entender como primer punto que los productores ejercen también presión sobre los mercados mediante la producción, la inversión, o el empleo de nuevas tecnologías. Además del hecho de que si el monopolio coloca un precio por encima de uno competitivo o de equilibrio entonces los consumidores buscarán bienes sustitutos y el productor deberá bajar sus precios. Por lo cual no puede existir nunca una soberanía ni de productores ni de consumidores entendiendo soberanía como la calidad del último y definitivo poder político, siendo este concepto más apropiado para el campo de las ciencias políticas.
Debemos pensar el cómo logran los monopolios sus “ganancias extraordinarias”, y esto es mediante una curva de demanda inelástica por lo cual los precios pueden verse aumentados sin que la curva se modifique. Sin embargo esta inelasticidad no es infinita, y ni bien el precio colocado sea demasiado alto la curva se vuelve elástica y los precios deberán volver a su estado natural. Sin olvidar que precios más altos son más incentivos para invertir, y más incentivos para invertir significan nuevos competidores.
¿Pero no es acaso un acto monopolista la destrucción o limitación de la producción? La realidad es que no. Primero destruir la producción es antieconómico pues conlleva la destrucción del capital empleado en las actividades productivas llevadas a cabo para obtener tales bienes, por ende el empresario se estaría auto perjudicando. Y por el lado de la limitación de la producción veamos un ejemplo. Existe una empresa, la cual utiliza 100 millones de dólares todos los años para producir monitores de computadora, un día el gerente de producción se da cuenta que si restringen el gasto a 60 millones, y por ende la producción, los precios subieron y por ende los ingresos. Ahora alguien podría decir que esto es un acto monopolista pues se eliminan 40 millones de dólares de inversión, pero la realidad es que el dinero se mantiene en circulación, y esos 40 millones irán a parar a otros sectores como lo pueden ser la producción de café, el sector inmobiliario o la bolsa de valores y así se reajustaron los recursos hacia lugares más eficientes ya que ahora todos han logrado lo que querían.
Existe también una preocupación general en la sociedad sobre los carteles, y el cómo estos son peligrosos para los consumidores al poder fijar precios sin que estos puedan hacer nada para evitarlo. Primero debemos entender que es un cartel, que podría ser definido como la asociación de distintas empresas de un mismo sector con el fin de maximizar sus ganancias conjuntas. Dicho esto queda claro que un cartel no es muy diferente de una fusión entre empresas o a las sociedades capitales, ya que todas estas situaciones tienen el mismo objetivo, maximizar los ingresos de las partes involucradas. Y de hecho, si el cartel le da beneficios a las empresas miembros de este con el tiempo deberían fusionarse y con esto repartir las participaciones como en una sociedad de capitales, y en caso de no ser el cartel provechoso deberían separarse.
Pero es que además los carteles son sumamente inestables. Si un cartel monopolista busca aumentar los precios de sus productos por encima de uno competitivo entonces se enfrentará a la aparición de nuevos competidores, tal cual como sucede con un monopolio de una sola empresa. Pero además el cartel puede desintegrarse muy fácilmente, si alguno de los miembros, es capaz de maximizar sus beneficios disminuyendo los precios, y por ende apartándose del cartel, lo hará y en consecuencia el cartel se verá disuelto.
Ahora debemos centrarnos en los precios de monopolio, no sin antes dar una definición de qué es un monopolio. Existen varias definiciones existentes, una de ellas dice que monopolio es aquella empresa con la capacidad de controlar sus precios. Sin embargo esta definición es errónea pues como lo dijimos antes todas las empresas tienen en algún punto control sobre sus precios. Otra es la definición primitiva de monopolio, siendo un beneficio otorgado por el monarca para ser el único distribuidor de un determinado bien en una determinada zona. Esta definición es mucho más coherente pues se alinea con el punto al que queremos llegar. Los monopolios verdaderamente problemáticos son aquellos de naturaleza coercitiva, es decir, aquellos establecidos mediante privilegios otorgados por el Estado. Estos monopolios, al estar protegidos de la competencia, tienden a generar una disminución en la calidad del servicio.
Sin embargo existe otra definición que es la dada por Mises donde dice que el monopolio es aquella situación donde el monopolista es capaz de aumentar sus ganancias vendiendo menos bienes a un mayor precio. Esto seria un llamado “precio de monopolio”, Mises en su momento ya dijo que los monopolios no son un problema siempre y cuando sean impuestos por el mercado, sin embargo los autores neoclásicos no hacen esta distinción y definen precio de monopolio como el aprovechamiento por parte del monopolista de una curva de demanda inelástica donde al aumentar los precios la demanda no cae y con eso se puede aumentar las ganancias. Cuando la curva tiene estas características (Figura 1), el monopolista puede reducir las ventas (de AB a A'B') y elevar el precio (de E a F) para obtener un mayor beneficio. Solo en este caso se da un precio de monopolio, definido como aquel donde restringir la cantidad resulta más rentable que operar en condiciones competitivas.
Figura 1. Formación de un precio de monopolio según la doctrina neoclásica. Fuente El hombre la economía y el estado Tratado sobre principios de economía Volumen II Murray Rothbard Unión Editorial primera edición 2013.
Esta teoría trae a colación varios problemas, el primero y quizás más importante es la dificultad para discernir entre precios competitivos y monopolio. Pues un precio competitivo es aquel donde la oferta y la demanda llegan a un equilibrio y donde el productor y el consumidor maximiza su beneficio. Dicho esto es imposible separar ambos precios, pues en ambos el productor maximiza su beneficio y en caso de excederse en el precio bajará la demanda del mismo cayendo junto con esta sus ingresos, sin olvidar que si la demanda es inelástica es porque el consumidor mantiene su beneficio.
Otro problema es que se toman todos los monopolios como iguales, esto sin embargo resulta en un grave error pues primero debemos entender el cómo llega una empresa al ser monopolística. Y es que la única forma de llegar a tal estado sin ayuda gubernamental es por medio de la satisfacción de los consumidores siendo quien brinda el producto de mejor calidad y mejor precio. Sin embargo los partidarios de regular estos monopolios utilizan argumentos como la competencia desleal o el uso de marcas para decir que no hay posibilidad de combatir a un monopolio desde cero. Sobre la competencia desleal la realidad es que no es un problema. Si entendemos que se le denomina así a la disminución de los precios por parte de un competidor más grande para dejar al más débil sin oportunidades de competir entonces no veo el problema, los consumidores se verán beneficiados con precios más bajos, que si consideran injustos rechazaron y compraron a la empresa de menor tamaño, que además es mas flexible para afrontar cambios en la producción por el menor capital invertido, siendo que una empresa más grande tiende a ser menos flexible. Sobre las marcas es cierto que por ejemplo la gente elige Coca Cola sobre otras marcas de bebidas de cola a pesar de su precio elevado con respecto a varios de sus competidores, pero esto es porque Coca Cola es considerado como otro bien, pues no es homogéneo con otras bebidas de cola, ya que de serlo entre dos botellas de litro y medio una de Coca Cola más costosa y otra de una marca más barata todos deberían volcarse hacia la más barata cosa que no sucede.
Los sindicatos representan un fenómeno digno de análisis crítico, ya que operan como un monopolio sobre los precios del trabajo. Esta capacidad de fijar salarios puede tener efectos adversos, como el desempleo de un número significativo de trabajadores, quienes se ven obligados a recurrir al mercado informal o sectores menos especializados. Sin embargo a los sindicatos no les interesa la gente que queda fuera del sistema, pues dejan de formar parte de quienes ellos “defienden” y por ende solo les interesa subir los precios del trabajo arbitrariamente.
Ahora bien muchos defienden la existencia de sindicatos diciendo que deben existir para determinar los salarios. Este argumento pierde total validez en una economía monetaria de libre mercado donde los salarios serán determinados por el equilibrio entre la oferta y la demanda y la existencia de dinero y pocas regulaciones permiten una comunicación fluida entre agentes. Otros dicen que es probable que los empresarios reciban una especie de ganancia monopolística al pagar salarios más bajos de lo que realmente pueden y que un aumento de los sueldos en dicha condición no afectará la demanda de trabajo. Sin embargo semejante monopsonio debería trasladarse a todos los demandantes de trabajo pues nada impide que un empleador proponga pagar más a los trabajadores. Y por ultimo esta el efecto Ricardo, donde se dice que la existencia de mayores salarios fuerza a las empresas a invertir más en tecnología para aumentar la productividad y con eso compensar los salarios, sin embargo esto requiere un mayor ahorro para así reinvertir el capital y en consecuencia el capital de otras industrias se verá estancado. También hay quienes dicen que mayores salarios incentivan a los empleados a hacer un mejor trabajo, pero esto mismo puede lograrse sin la existencia de sindicatos.
Ahora bien, existen quienes defienden la intervención estatal para lograr la “competencia perfecta” donde la curva de demanda es perfectamente elástica. La realidad es que esta situación es imposible, toda curva de demanda es inelástica en algún punto y por ende no tiene sentido. Además al tomar todos los bienes como homogéneos se elimina el dinamismo del mercado y la innovación pues estos surgen con el fin de satisfacer necesidades que si fuesen todos los bienes homogéneos no se verían satisfechas.
También están quienes critican la llamada “Capacidad en exceso”, diciendo que es un error proveniente de los mercados libres. La realidad es que la capacidad en exceso entendiendo como la situación donde una empresa tiene más capacidad productiva de la que necesita, es simplemente un método que los empresarios utilizan para adaptarse a cambios en la demanda donde deban producir más o menos, es decir, que son previsores.
Otros tantos son críticos de los precios multiformes, entiéndase como la variabilidad en los precios de un mismo bien. El ejemplo más clásico es el del turista que entra a un bazar y compra algo por un precio mayor al promedio. Sin embargo el que cuestiona estos precios está olvidando algo, el turista puede perfectamente tomarse el tiempo de investigar los precios antes de comprar, sin embargo refiere no hacerlo y ahorrarse ese tiempo, en consecuencia, esta decisión no debería considerarse inherentemente más racional que optar por analizar los precios de mercado.
Finalmente sobre las patentes y los derechos de autor, mientras muchos lo toman como iguales Rothbard hace una clara diferencia. Los derechos de autor son útiles pues permiten luchar contra el plagio además que se debe probar que el acusado tuvo contacto con la obra en cuestión. Por el contrario las patentes lo que hacen es evitar que un individuo que llegó a un proceso que le resulta útil no pueda utilizarlo al ser demasiado similar con otro patentado. Diciendo que esto disminuye la productividad y lejos de aumentar la investigación lo que se logra es que las empresas esperen al vencimiento de las patentes en vez de investigar nuevos procesos.
En conclusión, los monopolios no representan, en esencia, una amenaza inherente para el funcionamiento eficiente de una economía de libre mercado. Su inestabilidad estructural y la posibilidad de que los consumidores se adapten mediante alternativas o asociaciones limitan su potencial para generar abusos sistémicos siempre y cuando sean formados por la elección de los consumidores. Los sindicatos y monopolios coercitivos por otro lado si son problemáticos pues representan actos violentos al igual que las patentes que son un monopolio otorgado por el estado. Si bien el artículo omite gran cantidad de detalles no busca ser una guía definitiva, sino solo una puerta de entrada para todo aquel al que le interese el tema o crea que los monopolios son negativos y gracias a esto pueda ver otra postura. Cualquiera sea el caso recomiendo fuertemente leer “Monopolio y competencia” ya que da una explicación mucho más detallada y agrega muchas cosas que no hay en este humilde resumen.
Fuentes:
Rothbard, M. N. (2013). El monopolio y la competencia. En *El hombre, la economía y el estado: Tratado sobre principios de economía* (Volumen II, 1ra ed., pp. 129-264). Unión Editorial.
Rothbard, M. N. (2023). Monopolio y competencia .Unión Editorial
Bautista Müller
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