¿Casualidad o política?

En un contexto donde Gianni Infantino busca asegurar su continuidad al frente de la FIFA y donde el presidente de la UEFA, Aleksander Čeferin, ha mostrado diferencias con él en distintos temas de gobernanza del fútbol, en redes sociales hubo quienes consideraron llamativo que la final del Mundial fuera dirigida por un árbitro de la misma nacionalidad que Čeferin y perteneciente a la UEFA. A eso se sumó que, días antes de la final, Aleksander Čeferin había endurecido públicamente su postura contra Gianni Infantino.

También se mencionó el contexto político de las próximas elecciones en la FIFA, donde la CONMEBOL ha expresado públicamente su apoyo a Infantino, mientras que desde Europa han existido desacuerdos sobre algunas de sus decisiones. ¿Fue solo una designación basada en méritos? Es perfectamente posible. Sin embargo, en redes sociales muchos aficionados sostuvieron que la designación les generó dudas, especialmente al observar que España cometió 21 faltas y no recibió ninguna tarjeta amarilla durante el partido, mientras que Argentina cometió 25 faltas y terminó el encuentro con cuatro jugadores amonestados, además de la expulsión de Enzo Fernández por doble amarilla. También fue muy comentado que la primera amarilla a Enzo Fernández fue por protestar (disentir) una decisión arbitral, convirtiéndose, según esos comentarios, en el primer jugador de todo el Mundial en recibir una amonestación por ese motivo.

Todo esto llevó a muchos aficionados a cuestionar si la designación respondió únicamente a criterios deportivos. Eso no significa que exista evidencia de que la final haya sido un "negocio" ni de que el árbitro haya sido designado para influir en una elección. Sin pruebas, esa sigue siendo una hipótesis. Sin embargo, según lo que se debatió ampliamente en redes sociales, cuando en el fútbol se mezclan poder, política y elecciones, este tipo de coincidencias suele despertar sospechas entre muchos aficionados. Por eso, más allá de esas opiniones, vale la pena discutir si la FIFA debería adoptar criterios de designación aún más transparentes para fortalecer la confianza del público y evitar que una final del mundo quede rodeada de dudas.











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