El peor error de Macri

 Previo al gobierno de Javier Milei existió otro intento de combatir y derrocar de forma definitiva la hegemonía kirchnerista. Intento que, de hecho, desembocó en un balotaje contra el kirchnerismo, al igual que lo hizo La Libertad Avanza, y el cual fue el primer gobierno no peronista en finalizar su mandato desde Alvear.

Evidentemente, me estoy refiriendo al período del exmandatario Mauricio Macri junto con la coalición Cambiemos. Gobierno el cual, como es de público conocimiento, no fue capaz de cumplir sus objetivos, más allá de terminar su mandato.

Sin embargo, en este artículo no pienso atacar al expresidente Mauricio Macri, pues considero que él es una de las pocas partes rescatables de su gobierno. De hecho, si nos ponemos a analizar, lo único que tenía para hacer al meterse en política era perder. Esto, dado que, en términos económicos, la corrupción le representaba simplemente un riesgo de cero rédito. 

Es por esto que considero que, a pesar de no coincidir en muchas cosas con el pensamiento del exmandatario, sí le tengo un respeto inmenso, a pesar de que la caricatura que puede verse al final del artículo podría demostrar lo contrario. Es simplemente humor.

Quisiera aclarar, además, que gran parte de lo que se verá en este artículo es una opinión mía, por lo cual me tomo ciertas licencias en el uso de fuentes, tanto para que sea más fácil de describir como para que al lector le resulte más sencillo leerlo. Próximamente haré un artículo más extenso dedicado únicamente al radicalismo, con una fundamentación técnica mayor, la cual, para este artículo, no viene al caso, como verá el lector con el propio lenguaje que utilizo.

De lo que estoy seguro, sí, es que el gobierno de Cambiemos no fue exitoso, en gran medida, por un error puntual, el cual es previo a que el mismo iniciara. Me estoy refiriendo a la participación tan grande que se les concedió a los radicales en el espacio. Aclarando por supuesto existieron otros errores además de este que considero relevantes pero no de la misma magnitud.

Para esto, primero deberemos entender algo tan importante como lo es que los radicales, a lo largo de la historia, no han poseído un pensamiento esencialmente distinto al del peronismo. Por lo cual, el mote que llevan de ser la histórica oposición al peronismo no es más que un simple apodo que les quedó porque la historia y los juegos azarosos del destino así lo quisieron.

Con esto en mente, siendo datos que todos debemos entender, el populismo inició con Yrigoyen, tesis que comparte el propio Macri y autores como Carlos Escudé; el desarrollismo aplicado por Frondizi tiene bases marxistas; Alfonsín tuvo una hiperinflación y De la Rúa fue un auténtico pusilánime al no realizar las reformas que necesitaba el país.

Es necesario entender que todo esto no es una simple coincidencia, es propio de la idiosincrasia del partido. Siendo que ni siquiera el propio Leandro Alem pertenecía a la Unión Cívica Radical, sino que fue el creador de la Unión Cívica original, que posteriormente se dividió en Unión Cívica Radical y Unión Cívica Nacional. El mismo Alem, en su época, incluso era contrario a la creación de un Banco Central, cuestión que hoy los radicales toman como una locura.

Sabiendo esto, debemos darnos cuenta de que, en definitiva, el radicalismo no es más que otra expresión del peronismo, pero con buenos modales. Son colectivistas, pero que no llevan con orgullo la bandera de los sindicatos ni de los trabajadores, sino que se enorgullecen e hinchan el pecho de ser la oposición peronista, cuando simplemente mantienen una continuidad tibia por tener un miedo enorme a hacer lo que tienen que hacer para ser una auténtica oposición funcional.

Ese espíritu fue el que le llevaron a la coalición Cambiemos. Pues fue la coalición la que terminó orillando al gobierno a plantear el llamado gradualismo, que, como es sabido, fracasó, debido a que necesitaba una confianza internacional que se terminó viniendo abajo.

Ahora bien, deberíamos preguntarnos por qué se vino abajo esa confianza internacional. Esto también por un error de los radicales. 

La historia inicia con el señor jefe de Gabinete, el 28 de diciembre de 2017, dando una conferencia junto al presidente del Banco Central en aquel momento y actual ministro de Desregulación y Modernización del Estado, Federico Sturzenegger. En esta se modificaron las metas de inflación de un 10 % a un 15 %, lo cual se vio, por parte de los mercados, y de forma muy acertada, como una intervención de la Jefatura de Gabinete en el Banco Central. Acto el cual involucraba una ruptura de la independencia del mismo y abría la puerta a futuras intervenciones, las cuales el mercado no estaba dispuesto a soportar.

A esto se le debería sumar un déficit fiscal que permanecía de pie, dado el gradualismo y la incompetencia de ministros como el célebre Alfonso “la topadora keynesiana” Prat-Gay, y un déficit externo que no se corregía. Siendo que este último punto no sería tan relevante de no ser porque el resto de las situaciones tampoco lo acompañaban. Todo esto fue lo que desencadenó la pérdida de la confianza internacional, el fracaso del gradualismo, la vuelta del cepo y el acuerdo con el FMI.

Aquellos que no me crean, el propio Macri, en su libro Primer tiempo, dice lo siguiente:

"Dado este contexto, entonces —no existía la percepción de una crisis inminente y no teníamos mayorías parlamentarias— elegimos un modelo de reducción gradual del déficit, que se hizo conocido después como el “gradualismo”, un nombre apropiado para disimular que no teníamos la capacidad política para hacer algo más rápido. El equipo político de Cambiemos me dijo bien temprano que no había consenso —ni dentro de la coalición ni, mucho menos, con la oposición— para hacer reformas estructurales en los primeros meses." (Macri, Primer tiempo, p. 181, 2021).

Así que expresa algo claro: evidentemente había un límite en el Congreso; el propio Macri lo reconoce. Ahora bien, a su vez explica que dentro de la misma coalición había una oposición a reformas más profundas, siendo esta una característica histórica del radicalismo. Lo cual, como nota al margen, hace curioso que el partido radical sea, a la vez, uno tan tibio.

Ya llegando al final, quisiera, a su vez, agregar que, por si fuera poco, aún después del gobierno, los radicales siguieron trayendo problemas a la coalición, dada la mala imagen de muchos de sus representantes, como Lousteau, por ejemplo. Hasta que llegamos al día de hoy, donde la alianza finalmente cayó por su propio peso.

A modo de conclusión, simplemente quiero decir que considero que el presidente Mauricio Macri es una pieza muy valiosa para la construcción de una nueva política argentina. Quizás no desde el lugar de presidente, pero sí desde otro más pasivo o, inclusive, considero que sería un espléndido canciller. Sin más que agregar, espero las opiniones del lector en los comentarios y agradezco mucho su atención.




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