Otra vez sopa, hablemos de Aerolíneas Argentinas

 En los últimos días surgió una noticia que nos recuerda a muchas otras muy similares y, casualmente, pertenecientes al gobierno de la misma persona en uno de sus dos mandatos.

Me estoy refiriendo, efectivamente, a la ratificación de la condena al Estado nacional argentino por la expropiación de Aerolíneas Argentinas.

Esta empresa fue reestatizada en 2008 por parte del gobierno de la señora Cristina Fernández de Kirchner, sumándose a otros casos de sus mandatos, como podrían serlo Correo Argentino o el hoy ya célebre caso de YPF, donde también hubo que pagar una suma multimillonaria de dólares que, en efecto, la señorita Cristina no debería abonar, sino todo el pueblo argentino en su conjunto.

Desde el momento de la expropiación se debieron llevar a cabo una serie de juicios entre el CIADI del Banco Mundial y el Estado nacional, llegando a un fallo en 2017 donde se condenó a nuestro país a tener que abonar un total de 321 millones de dólares para cubrir la condena.

Siendo que hasta el momento no se ha abonado y se ha intentado apelar y demandar en diversas ocasiones, fracasando simultáneamente de forma consistente, hoy el monto llega a casi 400 millones de dólares, concretamente 391.

Sin embargo, este artículo no busca hacer un análisis del caso Aerolíneas, como podrá haber notado el lector, dado el lenguaje con el cual está escrito este artículo, poco habitual en mis demás trabajos. Muy por el contrario, deseo referirme a todos aquellos individuos que siguen defendiendo una barbaridad tan grande como la afamada década ganada.

Aquel período comprendido por los gobiernos kirchneristas de Néstor y Cristina, donde supuestamente Argentina creció gracias a los dotes del kirchnerismo, inspirado en las políticas milagrosas de Keynes y adaptadas por el general Perón en su momento.

La realidad es que, yendo a los datos, todo ese período al que se le llama crecimiento se debió a tres factores. Primero, un efecto rebote del gato muerto generado por la situación desastrosa en la que se encontraba la economía. En segundo lugar, una economía con una capacidad ociosa enorme que permite que, al inyectarle demanda agregada de forma artificial, se genere un crecimiento económico, no debido a las políticas en sí, sino a la capacidad ociosa existente. Y, en tercer lugar, a unos precios internacionales de los commodities producidos en Argentina que, inevitablemente, iban a producir una bonanza económica.

Con todo esto en mente deberíamos preguntarnos si acaso no deberíamos referirnos a este proceso como la década perdida. ¿Qué hubiera pasado si, por el contrario, en vez de hacerse todas estas desastrosas políticas económicas, se hubiesen llevado a cabo políticas conscientes y útiles para la nación, como la reducción de impuestos, la desregulación, la reforma del sistema tributario, entre otras tantas?

No obstante, el argentino defensor a muerte del populismo kirchnerista prefiere Fútbol para Todos y un discurso de nacionalización en pro del país. Sepan ustedes en qué nos benefició tener que pagar casi 400 millones de dólares por una empresa a cuyos servicios únicamente pueden acceder personas de alto poder adquisitivo y, en contadas ocasiones, aquellas que no lo poseen tras largos períodos de ahorro.

Con esto en mente, simplemente hay que dejar algo en claro: aquellos que siguen defendiendo hoy al kirchnerismo, pese a sus políticas, como un gobierno excelso, claramente poseen el mismo razonamiento que puede tener un infante que concurre al jardín. Pues ellos no razonan, no se cuestionan y no piensan lo que genuinamente sucedió. Únicamente repiten eslóganes repetitivos a fin de defender sus ideales y sus intereses, quizá no porque no lo sepan, sino porque están negados a admitir que están en un error o porque admitirlo demostraría la lacra que son.

Y, además de todo esto, recordemos: siempre le podemos echar la culpa al otro. Pues el problema no eran las políticas irresponsables que realizaban, sino el macrismo y el mileísmo en su máxima expresión como máximos artífices de la decadencia argentina.

A modo de conclusión, quisiera simplemente dejar en claro que no creo que sea posible hacer un cambio en la mentalidad de los fanáticos del populismo simplemente explicando argumentos. Pues un fanático puede cambiar de argumentos, pero nunca jamás de ideas. Este artículo simplemente actúa como una humilde opinión con la cual creo que varias personas coinciden.

Si bien ha sido menos técnico y formal que mis artículos habituales, creo que también puede llegar a ser más entretenido para el público en general por tornarse, en ciertos casos, menos denso. De cualquier forma, estaré abierto a comentarios y recomendaciones.


Comentarios

  1. Por fin un articulo que diga la verdad y no un articulo como los de Klarin que solo hablan cosas positivas de los K

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  2. otra razon mas para votar al javo en 2027

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  3. Basta de los kukas para 2027

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