Alberdi, el prócer
Juan Bautista Alberdi no es ni muchísimo menos una más de las muchas figuras históricas y políticas de nuestra Argentina. Muy por el contrario, nos referimos quizá al padre silencioso y discreto de la nación que hoy tenemos. Pues mientras nos referimos a San Martín como el padre de la patria, Belgrano como el padre de la bandera, Urquiza como el primer presidente constitucional, Mitre como el primer presidente de todos los argentinos, entre otros tantos, suele quedar atrás la figura de aquel que es el mayor artífice intelectual de toda la Constitución.
Hoy, 29 de agosto, no pienso ni muchísimo menos hacer una biografía de Alberdi, pues mis esfuerzos terminarían siendo débiles frente al tamaño de la obra que debería escribirse y, en el caso, por el tiempo y la cantidad de límites de espacio de los cuales dispongo en este artículo. Muy por el contrario, deseo hacer un homenaje al señor Juan Bautista y a sus obras más importantes de la Constitución, mencionando algunos otros detalles de su vida los cuales considero son merecedores de destacamiento.
Para iniciar, Alberdi no fue simplemente un abogado, sino alguien que, al igual que otros tantos de su generación, como lo fueron Sarmiento o Echeverría, luchó desde el ámbito intelectual y forzado en el exilio contra la tiranía rosista, a la cual en algún momento le dedicaré otro artículo similar al que ya tengo de Rousseau, pero, por el momento, mantengámonos con Alberdi, pues no quiero que este homenaje pierda la solemnidad.
Primero lo hizo en Uruguay y luego en Chile, desde Valparaíso, donde vivió gran parte de su vida y construyó la que quizás sea su más importante obra.
A pesar de su repudio y lucha contra el rosismo, el tucumano no fue parte del Ejército Grande y permaneció en su exilio. Cuestión que más tarde contribuiría a sus conflictos con Sarmiento, los cuales marcaron profundamente, a mi entender, su legado y reputación en la Argentina.
No obstante, y a pesar de no haber estado en la campaña, sí le entregó, tras la victoria, al general Urquiza, por correo, las que serían las copias de las Bases y puntos de partida para la organización política de la Confederación Argentina. Corrigiéndose en ediciones posteriores la palabra «Confederación» por «República».
Este esfuerzo fue fuertemente felicitado por el general Urquiza en una carta, la cual le remitió al señor Alberdi, agradeciéndole su esfuerzo y reconociendo el mérito y valor de aquellas Bases que se le habían entregado y que luego constituirían la mayor fuente intelectual de nuestra Constitución. Espíritu que, si bien hoy se encuentra fuertemente manchado por varias reformas que han acontecido y que modificaron el espíritu liberal propio de aquellas Bases, aún puede apreciarse su remanente en la mayoría de la parte dogmática y en gran parte de la orgánica.
El propio Alberdi cuenta también en su libro con grandes frases y pensamientos, como el conocido «gobernar es poblar». Pero no se refiere a poblar al país con cualquier tipo de ciudadanos, sino a hacerlo con aquellos que ya estén educados para ser libres. Es aquí donde surge la base de atraer población europea para sentar todo el vasto territorio argentino.
Otro punto muy importante es que Juan Bautista no habla ni de federalismo ni de unitarismo en estados puros. Él menciona que nuestra Argentina tiene características tanto federales como unitarias, pues es una indivisible, pero todas las provincias son distintas. Es allí que les llama a una federación unitaria o unión federativa, donde todas las provincias posean su autonomía, pero donde el poder central federal tenga un gran poder. Cuestión que, en gran medida, puede verse hoy, donde las provincias son autónomas y el Poder Ejecutivo y Legislativo nacional posee una gran incidencia en los asuntos nacionales.
Otra cuestión muy interesante y pocas veces mencionada, ya más alejada de las Bases, se refiere a que fue Alberdi quien consiguió la firma española en la declaración donde se acepta la independencia de la Argentina por parte de la Corona. Hito que costó varios años conseguir y que únicamente consiguió bajo el gobierno de Justo José Urquiza y la gesta alberdiana.
Antes de cerrar, no puedo dejar al margen las disputas que tuvo con Sarmiento. Quizás el mayor exponente de dicho conflicto se ha reflejado en la idea de civilización que tenía cada uno. Pues mientras Sarmiento buscaba una civilización europea, buscaba al maquinista inglés, al proyecto social francés y a todo aquello que pudiese asemejarse al panorama europeo, Alberdi buscaba otra cosa. Él se refería a que Argentina necesitaba una civilización distinta, pues nada tenía que ver con las necesidades europeas. Es allí donde se pone en contra del principio sarmientino, donde el gaucho es necesariamente negativo, y menciona que el gaucho puede ser, por el contrario, la civilización que necesita Argentina. Aquel que está adaptado al campo, al terreno y que es capaz de explotar los recursos como no puede hacerlo el maquinista inglés, como así tampoco el gaucho está adaptado a las maquinarias inglesas ni a la sociedad de Francia.
Para concluir, simplemente quisiera agradecer al lector y comunicarle espero sus comentarios y opiniones debajo de este artículo, las cuales me ayudarán muchísimo a mí y al proyecto. Muchas gracias.

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