El cassette eterno
Santoro y el pasado como propuesta
Cada vez que un dirigente político afirma que "antes se vivía mejor", intenta construir un contraste con el presente. Es una estrategia válida dentro del debate democrático. Sin embargo, cuando esa comparación se convierte en el eje casi exclusivo del discurso, aparece una pregunta inevitable: ¿dónde está la propuesta para el futuro?
Leandro Santoro volvió a sostener en una entrevista que antes de los gobiernos de Mauricio Macri y Javier Milei se vivía mejor. La frase encaja dentro de una narrativa que el peronismo y el kirchnerismo utilizan desde hace años: presentar el pasado como evidencia de que existió un modelo superior.
El problema no es recordar el pasado. Toda fuerza política revisa su historia. El problema aparece cuando el recuerdo reemplaza al proyecto.
Mientras gran parte del mundo discute inteligencia artificial, productividad, innovación, competitividad, educación y cómo atraer inversiones, buena parte del discurso opositor sigue girando alrededor de una misma comparación: "antes de Macri", "antes de Milei", "antes se vivía mejor". El centro del mensaje deja de ser qué hacer en los próximos diez años y pasa a ser una discusión permanente sobre lo que ocurrió hace una década.
Argentina enfrenta desafíos enormes: una economía que durante años convivió con alta inflación, una pobreza estructural persistente, baja inversión privada, problemas educativos y pérdida de competitividad. Son cuestiones que requieren planes de largo plazo, no únicamente diagnósticos sobre gobiernos anteriores.
Incluso quienes cuestionan la gestión de Macri o de Milei podrían esperar de la principal oposición algo más que una crítica retrospectiva. Una alternativa política suele fortalecerse cuando logra explicar no solo qué considera que salió mal, sino también cómo piensa resolver los problemas actuales.
Ese parece ser uno de los principales desafíos del peronismo contemporáneo. Gran parte de su comunicación continúa apoyándose en la nostalgia de etapas anteriores y en la comparación constante con otros gobiernos, mientras resulta menos claro cuál sería su propuesta concreta para la Argentina de la próxima década.
En política, la memoria es importante. Pero la memoria, por sí sola, no constituye un programa de gobierno.
Cuando un espacio dedica más tiempo a explicar por qué ayer fue mejor que a describir cómo será mañana, corre el riesgo de quedar atrapado en el pasado. La sociedad puede escuchar el diagnóstico, pero finalmente suele votar por quien le ofrece una expectativa de futuro.
Ese es el verdadero desafío para cualquier fuerza política: convencer no de que alguna vez tuvo razón, sino de que todavía la tiene y cuenta con un plan creíble para los años que vienen.
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