El club de la nostalgia

El peronismo y la identidad sin proyecto


Durante gran parte de la historia argentina, el peronismo logró algo que pocos movimientos políticos consiguieron: construir una identidad. No fue solamente un partido, sino una cultura política con símbolos, relatos, consignas y una fuerte identificación emocional. Durante décadas, ser "nacional y popular" fue mucho más que una definición ideológica; fue una forma de entender la política.

Sin embargo, la Argentina de hoy parece plantearle un desafío distinto. La pregunta ya no es quién representa mejor una identidad histórica, sino quién ofrece un proyecto capaz de resolver los problemas del presente y del futuro.

En los últimos años, buena parte del discurso peronista volvió a apoyarse sobre conceptos como "la patria", "el pueblo", "el modelo nacional y popular" o "la defensa de los derechos conquistados". Son consignas que marcaron una época, pero que para muchos votantes dejaron de ser suficientes cuando la economía comenzó a deteriorarse de manera persistente.

Los indicadores económicos muestran un escenario complejo. La inflación argentina alcanzó niveles superiores al 200% interanual durante 2023, mientras que la pobreza superó el 40% antes del cambio de gobierno. Posteriormente, las cifras oficiales comenzaron a mostrar una reducción tanto de la inflación como de la pobreza, aunque persiste un debate político y académico sobre las causas, la velocidad de la mejora y el impacto social del ajuste económico.

Estos datos no implican que todos los problemas hayan nacido exclusivamente bajo gobiernos peronistas, ni que otras administraciones estén exentas de responsabilidad. Argentina acumula décadas de crisis económicas atravesando gobiernos de distintos signos políticos. Sin embargo, resulta difícil ignorar que el peronismo gobernó una parte importante de ese período y que muchos ciudadanos asocian los problemas estructurales con ese ciclo político.

El problema parece ser otro: mientras gran parte del mundo discute inteligencia artificial, productividad, innovación tecnológica, competitividad global, educación del siglo XXI y nuevas inversiones, sectores del peronismo continúan apelando principalmente a símbolos históricos y a la épica del pasado.

La identidad política puede movilizar militantes, pero difícilmente alcance para convencer a una sociedad que exige resultados concretos. El votante promedio pregunta por inflación, empleo, salarios reales, acceso a la vivienda, seguridad y crecimiento económico antes que por la pertenencia ideológica de un dirigente.

La pérdida de competitividad argentina durante décadas también alimentó este debate. El país alternó largos períodos de alta inflación, déficit fiscal recurrente, restricciones cambiarias y bajo crecimiento económico, problemas señalados reiteradamente por organismos internacionales y especialistas de distintas corrientes económicas.

Quizá la mayor dificultad del peronismo actual sea que continúa defendiendo con mayor intensidad su identidad que un programa de transformación para las próximas décadas. La apelación permanente a la historia, a Perón, a Evita o a la resistencia puede fortalecer el sentido de pertenencia de sus simpatizantes, pero no necesariamente responde a las demandas de una generación que busca estabilidad económica, oportunidades laborales y previsibilidad.

Toda fuerza política necesita una identidad. Pero una identidad, por sí sola, no constituye un proyecto de gobierno. La historia puede otorgar legitimidad, aunque difícilmente garantice soluciones para los desafíos del presente.

Ese parece ser uno de los grandes dilemas del peronismo contemporáneo: seguir intentando convencer a los argentinos de lo que representó en el pasado, cuando una parte creciente de la sociedad espera escuchar qué propone para el futuro.

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