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¿Arrepentidos de Milei?
La cuenta "Arrepentidos de Milei" nació con una misión bastante clara: instalar la idea de que miles de personas que votaron a Javier Milei estarían arrepentidas de su decisión y que el apoyo que llevó al libertario a la presidencia comenzaría a desmoronarse.
La pregunta que aparece inmediatamente es simple:
¿Estamos realmente frente a una ola de exvotantes arrepentidos o frente a una cuenta militante que intenta disfrazarse de termómetro social?
Porque una cosa es que existan personas decepcionadas. Eso ocurre con todos los gobiernos. Siempre hay votantes que cambian de opinión, que esperaban otra cosa o que consideran que las políticas implementadas no cumplen sus expectativas.
Pero otra cosa muy distinta es agarrar una cuenta de X, juntar testimonios que coinciden con una determinada postura política y venderlo como si fuera una radiografía de la sociedad argentina.
Y ahí aparece el primer problema.
Una cuenta de Twitter no es Argentina.
Aunque tenga miles de seguidores, aunque tenga publicaciones virales y aunque sus mensajes reciban cientos de respuestas, sigue siendo una comunidad formada por personas que decidieron seguir ese espacio porque comparten, en mayor o menor medida, una misma visión.
No es una encuesta.
No tiene muestreo.
No representa proporcionalmente al electorado.
Es una comunidad digital.
Y las comunidades digitales tienen una característica peligrosa: hacen que las personas crean que su círculo representa al mundo entero.
El "arrepentimiento" que casualmente siempre apunta al mismo lado
Lo llamativo de "Arrepentidos de Milei" no es que existan personas críticas con el Gobierno. Sería ridículo negar esa posibilidad.
Lo llamativo es que, al recorrer las interacciones, los comentarios y las cuentas que amplifican el contenido, aparece una enorme coincidencia ideológica.
La mayoría de las voces que impulsan el mensaje de la cuenta parecen venir de sectores que ya tenían una posición contraria a Milei.
Entonces surge una pregunta incómoda:
¿La cuenta encontró arrepentidos o encontró opositores que encontraron una nueva forma de expresar su oposición?
Porque si una persona que nunca apoyó a Milei publica que Milei es un desastre, eso no es un arrepentimiento.
Es simplemente una crítica política.
Un arrepentido debería ser alguien que primero creyó en el proyecto, lo votó y después cambió de opinión.
Ese detalle parece bastante importante.
Alexis Cook y la construcción del fenómeno
Detrás de la cuenta aparece Alexis Cook, quien se presentó como el creador del espacio destinado a recopilar estos testimonios.
La cuenta logró algo interesante: transformar publicaciones individuales en una narrativa colectiva.
La idea que intenta instalar es:
"Milei perdió a sus votantes y existe una enorme cantidad de personas que quieren mostrar su arrepentimiento".
El problema es que una recopilación de casos no equivale automáticamente a una medición social.
Si mañana alguien crea una cuenta llamada "Fanáticos de Milei" y recibe miles de mensajes diciendo que el presidente es el mejor de la historia, tampoco sería una prueba de que todo el país piensa eso.
Entonces, ¿por qué debería ser diferente cuando el mensaje es contrario?
El error es confundir volumen digital con realidad política.
La polémica del financiamiento y la guerra de narrativas
Alrededor de Alexis Cook también surgieron fuertes discusiones en redes sociales.
Desde sectores cercanos al oficialismo comenzaron a circular acusaciones que planteaban que detrás de la cuenta podría existir algún tipo de apoyo externo o financiamiento destinado a impulsar una campaña contra Javier Milei.
Incluso algunos usuarios vincularon estas versiones con declaraciones y críticas del periodista Eduardo Feinmann sobre operaciones políticas y campañas digitales.
Hasta el momento, no existe una prueba pública que confirme esas acusaciones como un hecho.
Pero el episodio muestra algo importante:
- La política moderna ya no solamente se pelea en el Congreso o en las elecciones.
- También se pelea en internet.
Cada espacio intenta instalar su propia explicación:
- Unos ven ciudadanos desencantados.
- Otros ven una estrategia organizada.
Y en medio queda una pregunta que nadie puede responder solamente mirando una cuenta de X:
¿Cuánto representa realmente?
El curioso uso de la palabra "vende patria"
Otro punto llamativo dentro del discurso de algunos sectores opositores es la facilidad con la que aparece la etiqueta de "vende patria" contra Milei.
Según esta visión, sus acuerdos internacionales, su cercanía con Estados Unidos e Israel y su apertura económica representan una entrega de soberanía.
Pero acá aparece una contradicción.
Porque si relacionarse con otros países, recibir inversiones o buscar acuerdos internacionales significa automáticamente "vender la patria", entonces habría que preguntarse qué hacemos con décadas de gobiernos argentinos que negociaron con organismos internacionales, empresas extranjeras y potencias mundiales.
La patria no puede ser definida solamente por una ideología.
Para algunos, defender Argentina significa cerrarse al mundo.
Para otros, significa abrirse al mundo y generar oportunidades.
El periodista Eduardo Feinmann ha cuestionado justamente este tipo de consignas, señalando que frases como "Patria sí, colonia no" muchas veces funcionan más como una herramienta de ataque político que como un análisis serio de una política concreta.
Y ahí aparece otra paradoja:
Algunos sectores acusan de "vende patria" a quienes piensan distinto, mientras consideran patriótico únicamente su propio modelo de país.
Eso no es defender la patria.
Eso es querer quedarse con la definición de patriotismo.
La cuenta que confundió una comunidad con un país entero
El problema de "Arrepentidos de Milei" no es que critique al Gobierno.
Tiene todo el derecho del mundo a hacerlo.
El problema es intentar vender una comunidad política como si fuera una muestra del sentimiento nacional.
Porque una cámara de eco funciona así:
- Todos escuchan opiniones similares.
- Todos comparten publicaciones similares.
- Todos creen que están viendo una realidad evidente.
Hasta que salen de esa burbuja y descubren que el país es mucho más grande que su algoritmo.
La Argentina no se define por tendencias de X.
No se define por hashtags.
No se define por cuentas virales.
Se define por millones de personas que votan, opinan y toman decisiones fuera de las redes.
Más que arrepentidos, una pelea por imponer un relato
Que existan personas arrepentidas de haber votado a Milei es completamente posible.
Lo que no se puede hacer es convertir una cuenta política de redes sociales en una supuesta encuesta nacional.
Porque ahí deja de ser una herramienta de expresión y pasa a ser una herramienta de construcción de relato.
Y quizás ese sea el verdadero fenómeno:
No una enorme rebelión de arrepentidos.
Sino una batalla entre sectores políticos que intentan convencer al país de que la mayoría piensa como ellos.
Porque en política, muchas veces, el mayor triunfo no es ganar una discusión.
Es lograr que una minoría parezca una mayoría.
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