El Libertador

 Hoy, en este artículo, no pretendo hacer otra cosa que un humilde y sencillo homenaje, desde mi posición, al general don José de San Martín.

Y es que, en realidad, dudé mucho si hacer o no este artículo. No por creer irrelevante el homenaje a la persona más importante, quizá, de la historia argentina. Más bien todo lo contrario.

Consideraba la magnitud de las circunstancias de una envergadura tal que no creí ser capaz de quedarme satisfecho con el resultado de un artículo. No obstante, finalmente decidí que un artículo mediocre, pero con toda la intención de contar con la mayor calidad posible, era mejor que ni siquiera intentarlo.

Heme aquí ahora, tratando no de dar un artículo informativo, no de detallar una historia, sino, por el contrario, de bañar en laureles a una figura tan relevante como José de San Martín.

La realidad es que este hombre no era un simple militar de la época. Muy por el contrario, sus hazañas son estudiadas en los propios Estados Unidos como auténticas proezas militares. Estamos diciendo, por ende, que esto lo pone a la altura de algunos otros como Napoleón, Julio César o Alejandro Magno.

Evidentemente, la lucha de San Martín con la de todos estos es muy distinta, pues ellos buscaban subyugar, en última instancia, civilizaciones a sus imperios, mientras él buscaba sublevar a su nación de un imperio.

Hablamos de que San Martín, a su vez, fue un hombre que renunció a una vida cómoda en España como militar, donde contaba con una carrera, para venir a su tierra a crear una nación independiente y libre, la cual hasta el momento no existía.

Una persona que nunca pudo vivir en la Argentina independiente que luchó por construir, pues sus propios ideales le prohibían hacerlo debido a que temía que su visita representara una adhesión a alguno de los bandos que luego se disputarían el comando del proyecto nacional.

San Martín fue todo eso, pero además fue un esposo que debió ver morir a su amada. Fue un padre que trató de darle la mejor vida posible a su hija. Fue aquel que, cuando se vio incapaz de completar su lucha en Perú, fue capaz y tuvo la grandeza de dar un paso al costado que muchos otros no hubiesen tenido y que, a veces, vale más que el coraje de seguir intentando.

A pesar de todo esto, San Martín debió morir lejos de su casa, lejos de la tierra en la cual nació. Sin embargo, lo único que ha perecido es el cuerpo material, pues la esencia viva del Libertador hoy sigue viva. Según lo dicen los datos, más de 60 países en el mundo cuentan con estatuas de San Martín dentro de su territorio. Como ya se ha dicho, su odisea en los Andes es estudiada por los colegios militares en Estados Unidos y es imposible encontrar una ciudad argentina que no tenga una estatua del Libertador en la plaza.

Este artículo, aunque breve y sin contar ni con el tono militante de algunos de mis más recientes trabajos ni con los tecnicismos y datos que trato de exponer en mi estilo más técnico, busca, por el contrario, contar con una solemnidad y un respeto que los otros dos no tienen.

Acompañado al mismo, va un dibujo que humildemente realicé en homenaje al Libertador, el cual no busca tener una calidad artística, sino representar un esfuerzo humildemente realizado, que, a pesar de no resultar en la mejor de las obras, sí intenta tener el mayor de los respetos.

Sin más, agradezco al lector por su tiempo y muchísimas gracias.



Comentarios

Entradas más populares de este blog

LA MENTIRA PERFECTA

EL BISTURÍ Y EL CORAZÓN

La riqueza que pasa de largo