Hablemos de la Ley de Tierras

En los últimos días ha corrido la idea de que, con el cambio de la Ley de Tierras, el Gobierno nacional está vendiendo la soberanía de nuestro país al extranjero. No obstante, esto se encuentra muy por fuera de la realidad y las razones son muy simples de refutar.

Es por eso que, en el presente artículo, trataré de explicar los motivos por los cuales no se está vendiendo el país ni muchísimo menos, como sí dicen los eslóganes políticos. Además, antes de continuar, quisiera aclararle al lector que no tenga tanto conocimiento sobre mis anteriores artículos que no vaya a pensar que por esto soy un fanático empedernido del Gobierno. En su momento ya le dediqué algunos artículos sobre cuestiones con las cuales no comparto, sobre todo en el manejo político y discursivo, por lo que desde ya lo invito a pasarse a verlos.

Con todo esto aclarado, lo primero que debemos hacer es preguntarnos qué implica la Ley de Tierras actual y qué es lo que plantea hacer el Gobierno. La normativa vigente dice que propietarios extranjeros únicamente podrán tener hasta un 15 % del territorio provincial bajo su propiedad. Es decir, usted, ciudadano no argentino, podrá comprar toda la tierra que quiera siempre y cuando no supere el 15 % del territorio de alguna provincia.

Con esto bien claro, lo que plantea el Gobierno es extender ese límite al 25 %. De esta manera, todo extranjero que decida comprar tierra podrá hacerlo exactamente del mismo modo en el que lo hace ahora, pero con un límite más grande.

Aquí es donde inicia la discusión, pues una gran cantidad de políticos e individuos que repiten tras ellos eslóganes baratos han dicho cuestiones similares a que el país se está rematando o que estamos vendiendo nuestra soberanía.

Debo decirle a mi estimado público que no hay absolutamente nada más lejos de la realidad. Para esto pondré un ejemplo. Supóngase que usted invita a alguien a dormir en su casa, a lo cual le asigna una habitación. Ahora pregúntese: ¿tiene acaso su invitado facultad para decidir cuestiones tales como el pago de servicios, escrituras, etcétera? La realidad es que no, y no la debería tener a menos que usted se la brinde.

Ahora bien, supongamos que la siguiente vez que visite esta persona su casa no le asigna una habitación, sino que le da dos habitaciones para que disponga de ellas con total privacidad y haga uso de las mismas como le plazca durante su estadía. Me imagino que, para aquellos que defienden la idea de que se está vendiendo la soberanía, ahora el invitado, por el simple hecho de contar con más espacio, es capaz de hacer lo que quiera con la casa. La realidad es que, aun bajo este precepto e incluso si se le entregase la totalidad de la propiedad al individuo para que haga lo que le plazca durante su estadía, la propiedad seguiría siendo de quien posee la escritura, es decir, de usted. Por ende, sigue siendo usted la única persona capaz de decidir sobre todas las cuestiones que antes mencionamos y que su invitado no es capaz de hacer, a menos que explícitamente le dé ese permiso.

Entonces, ahora yo le pregunto al lector: si antes los propietarios extranjeros de terrenos argentinos no eran compradores de soberanía, ¿por qué podríamos decir que ahora, que simplemente pueden comprar más, sí lo son?

Alguien podría decir que el ejemplo que he dado es muy simplificado, pues no se puede comparar una casa con un país ni prestar una habitación con tener la propiedad de un terreno dentro del territorio de una nación. Y esto, efectivamente, es cierto. Son cuestiones incomparables, aunque tienen un punto en común muy fuerte: el último que decide qué pueden hacer y qué no pueden hacer aquellos que se encuentran en el territorio y son propietarios de terrenos es el Estado. Es decir, yo podría comprar todo el territorio; si pudiese, compraría toda la Argentina. Ahora bien, tengo que atenerme a las leyes estatales, provinciales y municipales, a la Constitución y a todas las ordenanzas que establezcan los ministerios, como así también a toda normativa que surja y que me termine afectando.
Debemos agregar que ni siquiera estaríamos refiriéndonos a limitantes en cuestiones tales como la construcción de vías de comunicación, torres de alta tensión, gasoductos o cualquier otro tipo de obra pública similar. Pues el propio Estado tiene la capacidad de expropiar si se necesita esa porción de territorio, como ya lo hace.

Ni siquiera bajo la reglamentación que se plantea habría riesgo de que algún Estado extranjero interviniera en territorio argentino. Pues la normativa que se plantea en ningún momento busca modificar la vigente en el aspecto de que los Estados extranjeros no pueden comprar tierra argentina. Eso se mantiene tal cual.

Lo que sí les voy a dar la derecha a quienes defienden los eslóganes políticos antes mencionados es que, efectivamente, en el pasado se ha vendido territorio argentino y se ha vendido la tan afamada soberanía. Recordemos, por ejemplo, la base militar china que existe en la Patagonia. Aunque, claro, a estos individuos no les interesa semejante caso, pues afecta directamente a los partidos que tanto defienden. Por ende, eso no es vender soberanía, sino un movimiento estratégico de geopolítica.

Antes de finalizar, quisiera simplemente decir que la Ley de Tierras es un simple cambio normativo que no afectará en gran medida al país, más allá de permitir una mayor inversión por parte de residentes no argentinos, lo cual, a priori, debería ayudar en la recuperación económica al aumentar la producción, principalmente agrícola.

Sin más que agregar, agradezco profundamente al lector y espero sus opiniones en los comentarios. Nuevamente, muchas gracias.



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