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Infantino, contra las cuerdas la mayor crisis política de la FIFA desde 2015

Durante años, Gianni Infantino construyó su liderazgo sobre una promesa sencilla: dejar atrás la era de los escándalos que terminó con la caída de Joseph Blatter y devolver transparencia a la FIFA. En 2016 aseguró que el organismo cambiaría para siempre. Diez años después, esa promesa parece haberse convertido en el principal argumento de sus críticos.

La tormenta comenzó cuando trascendió el proyecto para crear FIFA Forward Enterprise (FFE), una nueva empresa destinada a administrar los derechos comerciales y de los grandes torneos de la FIFA con la participación de inversores privados. Según el plan impulsado por la conducción del organismo, la operación permitiría obtener miles de millones de dólares de manera inmediata para aumentar el financiamiento de las federaciones nacionales.

Sin embargo, la iniciativa provocó una rebelión pocas veces vista dentro del fútbol mundial.

La UEFA rompe la confianza

La UEFA fue la primera en responder con dureza. En un comunicado oficial sostuvo que el proyecto había sido diseñado mediante "planes secretos" y criticó la falta de transparencia con la que se intentó impulsar una decisión que podría modificar el futuro económico del fútbol.

El organismo europeo fue mucho más allá de una simple crítica.

Afirmó que la conducción de la FIFA había perdido la confianza de numerosas federaciones y anunció que analizará junto a sus miembros cómo impedir que una situación similar vuelva a repetirse.

Las declaraciones también incluyeron un mensaje político directo: identificar a los responsables del proyecto y exigir que rindan cuentas.

Según publicó The Telegraph, incluso se habría planteado la posibilidad de impulsar una moción de censura contra Infantino si éste se negara a renunciar. De concretarse, sería uno de los desafíos institucionales más importantes que haya enfrentado un presidente de la FIFA desde la crisis de corrupción de 2015.

La renuncia que encendió todas las alarmas

La situación escaló todavía más cuando Carlos Cordeiro, uno de los principales asesores estratégicos de Infantino y ex presidente de la Federación de Fútbol de Estados Unidos, presentó su renuncia inmediata.

Su carta fue demoledora.

Cordeiro sostuvo que no podía permanecer en silencio mientras la FIFA analizaba vender una participación permanente en su activo más valioso.

Argumentó que la organización dispone de miles de millones de dólares en reservas, no posee deudas y ya genera ingresos récord, por lo que consideró injustificada la necesidad de incorporar capital privado.

También cuestionó la velocidad con la que se pretendía aprobar el proyecto y dejó una serie de preguntas que, según él, nunca fueron respondidas:

  • ¿Por qué este acuerdo?
  • ¿Por qué ahora?
  • ¿Quiénes son los beneficiarios?
  • ¿Existió una licitación competitiva?
  • ¿Qué obtendrán exactamente los inversores?
  • ¿Cuál será el costo para el fútbol dentro de veinte o treinta años?

Su conclusión fue contundente: vender una parte permanente del negocio más importante de la FIFA equivale a hipotecar el futuro del fútbol.

Figo también rompe el silencio

Las críticas ya no provienen únicamente de dirigentes.

El ex futbolista portugués Luís Figo pidió públicamente la renuncia inmediata de Infantino.

En una columna de opinión sostuvo que el presidente de la FIFA había degradado el cargo, perdido la confianza del mundo del fútbol e intentado beneficiar intereses privados por encima del deporte.

Figo afirmó que "ya es demasiado tarde" para que Infantino recupere su credibilidad y concluyó con un mensaje categórico: el fútbol todavía puede salvarse, pero para ello el presidente debería abandonar el cargo.

La defensa de la FIFA

Desde Zúrich, la FIFA sostiene una posición completamente distinta.

Infantino asegura que la creación de FIFA Forward Enterprise permitirá multiplicar los recursos disponibles para el desarrollo del fútbol en todo el mundo.

Según explicó el organismo, la nueva estructura estaría valuada en alrededor de 20.000 millones de dólares y permitiría elevar de manera inmediata el financiamiento destinado a cada federación miembro.

La conducción insiste en que el objetivo no es privatizar el fútbol, sino obtener nuevas fuentes de recursos para acelerar inversiones.

Mucho más que un negocio

Lo que está en discusión excede ampliamente una operación financiera.

El verdadero debate gira alrededor de una pregunta de fondo:

¿Debe la FIFA convertir el Mundial en un activo compartido con inversores privados o mantener el control absoluto sobre el torneo más importante del planeta?

Para algunos dirigentes, la propuesta representa una modernización necesaria.

Para otros, significa abrir la puerta a que intereses financieros condicionen el futuro del deporte más popular del mundo.

Un presidente cada vez más aislado

La combinación de la oposición frontal de la UEFA, el rechazo de otras confederaciones, la renuncia de uno de sus asesores más cercanos y las críticas públicas de figuras históricas como Figo configuran el escenario político más complejo que ha enfrentado Gianni Infantino desde que llegó al poder.

Todavía conserva el respaldo suficiente para continuar al frente de la FIFA.

Pero la imagen de un dirigente con control absoluto sobre el fútbol mundial comienza a resquebrajarse.

Las próximas semanas podrían definir si esta crisis termina siendo apenas una tormenta política... o el principio del fin de una presidencia que prometió devolver la confianza al organismo y hoy enfrenta cuestionamientos precisamente por ese mismo motivo.




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