Objetividad cerrada por vacaciones

El desafío de informar sobre una guerra

El conflicto entre Israel y Hamás es uno de los temas más complejos y sensibles de la actualidad. En él se cruzan décadas de historia, terrorismo, seguridad nacional, derechos humanos, religión, geopolítica y una enorme tragedia humanitaria.

Dentro del debate argentino, Eduardo Feinmann se convirtió en una de las voces periodísticas más identificadas con una postura cercana a Israel. Su argumento principal suele centrarse en un punto: Hamás cometió un ataque terrorista contra civiles israelíes el 7 de octubre de 2023, asesinando personas inocentes y tomando rehenes, por lo que Israel tiene derecho a defenderse y combatir a una organización considerada terrorista por varios países.

Ese punto tiene una base real: los civiles israelíes asesinados por Hamás fueron víctimas inocentes y ningún crimen contra población civil puede ser justificado.

Sin embargo, la discusión aparece cuando la defensa del derecho de Israel a responder comienza a ser interpretada por sus críticos como una justificación general de las acciones llevadas adelante por el gobierno de Benjamin Netanyahu y las Fuerzas de Defensa de Israel en Gaza.

El derecho a defenderse y los límites de una guerra

Uno de los principales argumentos de quienes apoyan la postura israelí es que ningún Estado puede aceptar que una organización armada ataque a sus ciudadanos sin responder.

Desde esa mirada, la prioridad debe ser eliminar la capacidad militar de Hamás, liberar a los rehenes y evitar que un ataque similar vuelva a ocurrir.

Pero el punto más cuestionado es otro: una cosa es combatir a una organización armada y otra distinta es asumir que todos los daños provocados durante esa operación son inevitables o justificables.

La población palestina de Gaza no está compuesta únicamente por integrantes de Hamás. Allí también viven millones de civiles que no participaron de los ataques, entre ellos niños, familias y personas que no tienen responsabilidad por las decisiones de la organización.

La crítica hacia Feinmann surge justamente desde ese lugar: sus detractores sostienen que muchas veces su análisis pone el foco casi exclusivamente en las víctimas israelíes y en la amenaza de Hamás, pero deja en un segundo plano la magnitud del sufrimiento civil palestino.

Dos pueblos, dos tragedias: las víctimas no tienen nacionalidad

Uno de los problemas del debate público es la tendencia a convertir el sufrimiento humano en una competencia.

Los israelíes asesinados por Hamás eran inocentes. No eran responsables de las decisiones de su gobierno ni de las acciones militares posteriores.

Del mismo modo, los palestinos civiles que murieron en Gaza tampoco son responsables de los ataques cometidos por Hamás.

La condena al terrorismo de Hamás no debería implicar justificar cualquier acción militar de Israel, de la misma manera que denunciar las operaciones israelíes no debería significar negar los crímenes cometidos por Hamás.

El punto central debería ser distinguir entre combatientes y civiles.

Si una operación militar tiene como objetivo eliminar terroristas, el debate pasa por analizar si realmente se está atacando a esos responsables o si las consecuencias terminan afectando principalmente a personas que no tuvieron participación en el conflicto.

La diferencia entre apoyar a Israel y apoyar todo lo que hace Israel

Otro aspecto importante del debate es que muchas veces se mezclan conceptos diferentes.

Ser partidario de la existencia del Estado de Israel no significa necesariamente aprobar todas las decisiones de sus gobiernos.

Defender el derecho de Israel a proteger a sus ciudadanos no implica automáticamente justificar cada bombardeo o cada operación militar.

De la misma manera, defender los derechos de los palestinos no significa apoyar a Hamás ni justificar el terrorismo.

La crítica que algunos hacen a Feinmann es que, en ocasiones, parece desaparecer esa diferencia entre defender a Israel como país y defender cada decisión tomada por su gobierno.

¿Periodismo u opinión política? El debate sobre la objetividad

Uno de los puntos más discutidos sobre Feinmann no solamente está relacionado con Israel y Gaza, sino con su estilo periodístico en general.

Feinmann suele presentarse como un periodista que busca informar y analizar la realidad desde su perspectiva. Sin embargo, sus críticos sostienen que, aunque muchas veces afirma no tomar partido, su forma de abordar determinados temas termina mostrando una posición política e ideológica definida.

Desde esa mirada, el problema no sería que un periodista tenga opiniones algo prácticamente inevitable sino cuando esas opiniones terminan ocupando el lugar central y la información queda condicionada por una determinada visión del mundo.

Sus defensores, en cambio, argumentan que todo periodista tiene una mirada propia y que expresar una postura no invalida su trabajo, siempre que los datos sean verificables.

La discusión entonces no pasa por exigir periodistas sin ideología, algo difícil de lograr, sino por diferenciar claramente cuándo se está informando y cuándo se está haciendo una interpretación política de los hechos.

El riesgo de la doble vara

Una de las mayores críticas que recibe el debate sobre Gaza es la existencia de dobles estándares.

Algunos sectores condenan con fuerza los ataques de Hamás pero minimizan las víctimas civiles palestinas.

Otros condenan las acciones de Israel pero relativizan o directamente justifican los crímenes cometidos por Hamás.

Ambas posiciones generan un problema: convierten un conflicto humano en una disputa política donde las víctimas son utilizadas como argumentos.

Un análisis responsable debería poder sostener dos ideas al mismo tiempo: Hamás cometió un ataque terrorista contra civiles israelíes y la población civil palestina no debe pagar las consecuencias de las decisiones de una organización armada.

el desafío de mirar una guerra sin perder la humanidad

El conflicto entre Israel y Gaza no admite explicaciones simples. Reducirlo a "Israel tiene razón" o "Israel es culpable de todo" elimina la complejidad de una tragedia donde existen víctimas de ambos lados.

La crítica hacia Feinmann no se centra necesariamente en defender a Hamás ni en negar el derecho de Israel a existir y defenderse, sino en cuestionar si su postura termina justificando acciones que deberían ser analizadas con mayor distancia crítica.

El periodismo tiene una responsabilidad especial en conflictos de esta magnitud: informar, contextualizar y recordar que detrás de cada cifra hay personas.

Porque condenar el terrorismo de Hamás y defender a los civiles palestinos no son posiciones contradictorias. Del mismo modo, reconocer el sufrimiento palestino no debería implicar negar el dolor israelí.

El verdadero desafío es evitar que la política termine imponiéndose sobre la humanidad.

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