Cuando Argentina entró en guerra con Alemania
Argentina estuvo en guerra con la Alemania nazi y duró unas semanas
Hay hechos de la historia argentina que parecen inventados cuando uno los cuenta por primera vez. Uno de ellos es que Argentina estuvo formalmente en guerra con la Alemania nazi. Y lo más curioso no es solamente que haya ocurrido, sino cuánto duró.
El 27 de marzo de 1945, cuando la Segunda Guerra Mundial ya estaba prácticamente llegando a su final, el gobierno argentino declaró la guerra a Alemania y Japón. Para ese momento, la Alemania de Adolf Hitler estaba completamente acorralada. Las tropas soviéticas avanzaban sobre Berlín, los Aliados se acercaban desde el oeste y el régimen nazi se encontraba a pocas semanas de su derrota definitiva.
Alemania se rindió el 8 de mayo de 1945.
Argentina, entonces, había estado formalmente en guerra con la Alemania nazi durante poco más de un mes.
La situación resulta todavía más curiosa porque la declaración argentina llegó cuando el desenlace de la guerra ya parecía prácticamente inevitable. No fue una participación militar argentina en el conflicto comparable con la de las grandes potencias. La decisión tuvo principalmente un fuerte contenido diplomático y político, dentro del complejo escenario internacional de aquellos últimos meses de la guerra.
Pero hay algo todavía más interesante: aquella declaración de guerra no quedó solamente como una curiosidad histórica. El contexto de la Segunda Guerra Mundial también terminó apareciendo en una discusión jurídica que años después tendría importancia para el derecho constitucional argentino.
En 1948, la Corte Suprema de Justicia de la Nación resolvió el caso Merck Química Argentina c/ Gobierno de la Nación.
La cuestión era bastante más profunda que una simple disputa entre una empresa y el Estado. El caso obligaba a pensar qué ocurre cuando las normas internacionales y las normas internas de un país entran en tensión.
Y ahí aparece una idea que hoy puede resultar extraña.
La Corte distinguió entre las situaciones de guerra y de paz y sostuvo una concepción de la relación entre el derecho internacional y el derecho interno que, en tiempos de paz, daba primacía al orden jurídico argentino. Desde esa perspectiva, los tratados no podían colocarse por encima de la Constitución ni utilizarse para contradecirla.
Dicho de manera sencilla: para aquella concepción, la Constitución seguía siendo la norma suprema dentro del ordenamiento argentino.
Esto puede parecer una discusión puramente técnica, pero detrás había una pregunta enorme: ¿hasta dónde puede comprometerse un Estado internacionalmente sin afectar su propia Constitución?
La respuesta argentina de aquella época estaba marcada por una concepción mucho más fuerte de la soberanía estatal. El derecho internacional y el derecho interno eran entendidos como órdenes jurídicos diferenciados y, en caso de conflicto dentro del ámbito interno, la Constitución ocupaba el lugar superior.
El mundo, sin embargo, iba a cambiar.
Y también iba a cambiar Argentina.
Después de la Segunda Guerra Mundial comenzó a desarrollarse con mucha más fuerza un sistema internacional basado en organizaciones, tratados y mecanismos destinados a proteger derechos fundamentales. Con el tiempo, los Estados comenzaron a asumir obligaciones internacionales cada vez más importantes.
Argentina también fue modificando su propia posición.
Décadas después, la reforma constitucional de 1994 produjo uno de los cambios más importantes en esta materia. El artículo 75 inciso 22 reconoció jerarquía constitucional a determinados tratados de derechos humanos y estableció una nueva relación entre la Constitución argentina y el derecho internacional de los derechos humanos.
Por eso, leer Merck hoy resulta interesante no solamente para saber qué decidió la Corte en 1948. También permite observar cuánto cambió el sistema constitucional argentino en menos de medio siglo.
En 1948, la discusión estaba fuertemente atravesada por la soberanía y por la separación entre el derecho internacional y el derecho interno. En 1994, la Constitución incorporó expresamente una serie de instrumentos internacionales de derechos humanos al máximo nivel normativo.
La diferencia es enorme.
Y quizás por eso resulta tan curioso volver al contexto en el que todo esto comenzó a discutirse.
Argentina había permanecido neutral durante gran parte de la Segunda Guerra Mundial y terminó declarando la guerra a Alemania y Japón cuando el conflicto prácticamente estaba terminado. Poco después, en 1948, la Corte tuvo que enfrentarse a una pregunta que seguiría acompañando al derecho argentino durante décadas: ¿qué lugar ocupa el derecho internacional dentro de nuestro sistema jurídico?
La respuesta de aquel momento no fue la misma que conocemos actualmente.
Y eso es justamente lo interesante de Merck.
Los fallos judiciales también tienen una historia. No aparecen aislados de su época. La interpretación de la Constitución cambia junto con la sociedad, las relaciones internacionales y las propias decisiones políticas de los Estados.
Por eso, aquella guerra argentina contra la Alemania nazi que duró apenas unas semanas puede parecer hoy una anécdota histórica.
Pero detrás de esa anécdota existía una Argentina que estaba tratando de encontrar su lugar en un mundo que acababa de atravesar la mayor guerra de la historia.
Y en ese mundo, una pregunta que parecía jurídica terminó convirtiéndose en una de las grandes discusiones del constitucionalismo argentino: ¿dónde termina la soberanía nacional y dónde comienza la obligación internacional?
La respuesta de 1948 fue una.
La Argentina de 1994 dio otra.
Y entre ambas hay casi medio siglo de historia.

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