La IA como la nueva Revolucion Industrial
Por Bautista Lissa
Este artículo está basado e inspirado en la charla sobre IA brindada por Martín Carranza Torres en Academias Libres del Mundo
En los últimos meses, el proyecto de ley argentino PE-193/26 sobre reformas societarias e Inteligencia Artificial colocó a Buenos Aires en el centro de la conversación global, llevando al Financial Times a bautizar a la ciudad como una "nueva Ámsterdam" para la innovación en IA. Este hito no solo posiciona a la región en el mapa tecnológico, sino que reactiva un debate: frente a una disrupción tecnológica sin precedentes, ¿debemos permitir que el mercado coordine la innovación o debemos imponer un control regulatorio antes de que sea "demasiado tarde"?
Para comprender el verdadero alcance de la Inteligencia Artificial no basta con analizar sus algoritmos, es necesario entenderla como la nueva Revolución Industrial. Y, sobre todo, evaluar las instituciones y reglas de juego que determinarán si esta revolución florecerá o se asfixiará en un mar de burocracia.
El paralogismo determinista: De Marx a Harari
Existe un hilo entre los gurú del siglo XIX y los teóricos del pánico tecnológico contemporáneo. Así como Karl Marx vaticinó que la industrialización y la acumulación de capital llevarían inexorablemente a la pauperización del proletariado y al colapso del sistema, intelectuales contemporáneos como Yuval Noah Harari profetizan escenarios apocalípticos donde el control de los datos y los algoritmos derivará en la obsolescencia del ser humano.
El error de fondo en ambas posturas es el mismo: el sesgo del planificador central que asume que el futuro es estático y predecible solo mediante la intervención del Estado. La urgencia regulatoria que propone Harari no es más que el viejo impulso de asfixiar la innovación por miedo a lo desconocido, Sin embargo, la historia desmintió rotundamente a Marx. La Revolución Industrial no destruyó a la humanidad; por el contrario, multiplicó de forma exponencial los niveles de vida, erradicó la extrema pobreza a escalas históricas y permitió el acceso al bienestar. La IA, como motor de lo que Joseph Schumpeter denominó "destrucción creativa" sustituirá procesos obsoletos para dar paso a industrias, empleos y soluciones que hoy ni siquiera podemos imaginar.
El costo de regular a ciegas (Lo que se ve, y lo que no se ve)
Frédéric Bastiat enseñaba que la diferencia entre un buen y un mal economista radica en considerar no solo los efectos inmediatos de una medida (lo que se ve), sino sus consecuencias indirectas y de largo plazo (lo que no se ve).
Cuando los gobiernos imponen leyes restrictivas para "proteger" a la sociedad de la IA, celebran un triunfo aparente. Lo que no ven son: Las startups que nunca llegaron a nacer, los tratamientos médicos y fármacos que no se descubrieron, los empleos de alto valor agregado que jamás se crearon.
El caso europeo es la ilustración más trágica de este fenómeno. Obsesionada con la tutela preventiva y las cumbres regulatorias, Europa logró regular la IA antes que nadie, pero a costa de no poseer hoy una sola empresa de tecnología de frontera a nivel global.
Neutralidad tecnológica
Para desmentir el miedo irracional a la IA, conviene recordar la analogía expuesta por el jurista Martín Carranza Torres: "un microondas no es peligroso en sí mismo" No tiene voluntad propia ni el deseo de dañar a nadie. Si alguien recibe un golpe con un microondas, el problema no es el aparato, sino la acción humana detrás del acto.
Nomos vs. Thesis
Friedrich Hayek distinguió dos formas de concebir el derecho y el orden social:
A) Cosmos / Nomos: El orden espontáneo y el derecho descubierto mediante la costumbre, la interacción entre individuos y la jurisprudencia evolutiva.
B) Taxis / Thesis: El orden diseñado y la ley impuesta desde arriba por un legislador central (acto de voluntad)
El desarrollo de la IA exige un marco de Nomos. Intentar legislar preventivamente sobre una tecnología cuyo destino desconocemos es un acto de soberbia intelectual. El derecho debe parecerse más a un idioma: nadie lo diseñó por completo, todos lo hablamos y evoluciona con el uso, que a un edificio diseñado desde un escritorio estatal.
La tecnología viaja. las instituciones, no
Como recordó el Premio Nobel Douglass North, las instituciones son las reglas del juego de una sociedad que estructuran los incentivos y reducen la incertidumbre. Un modelo de Inteligencia Artificial puede estar disponible en Buenos Aires el mismo día que en San Francisco, pero lo que determina si una sociedad prospera o se estanca no es el acceso al software, sino la certeza de que los contratos se cumplan
Para que un país se transforme en un polo de desarrollo tecnológico, el Estado debe transitar del modelo interventor al "Estado que cumple":
A) Autonomía privada: Acemoglu y Robinson plantean en "El corredor estrecho" que la libertad florece cuando el Estado ejecuta lo que los particulares pactaron, en lugar de pactar por ellos.
B) Libertad contractual: Como advertía Dalmacio Vélez Sarsfield, "Quien se erija en juez del abuso no tardará en convertirse en juez del uso". La voluntad de las partes en un contrato debe ser la ley suprema.
Los tres pilares para un ordenamiento eficaz
Para garantizar un ecosistema atractivo a la innovación, se requiere una arquitectura jurídica previsible basada en tres fundamentos inviolables:
A) La propiedad privada como derecho inviolable: Garantizar el dominio sobre las inversiones, la infraestructura y los frutos de la innovación.
B) El contrato como instrumento rector: Permitir que los creadores, inversores y usuarios pacten libremente sus condiciones sin tutelajes estatales.
C)La jurisprudencia como fuente de seguridad jurídica: Resolver los conflictos puntuales a posteriori a través de los jueces, adaptándose a los cambios tecnológicos sin congelar el progreso.
Conclusión
En resumen, la inteligencia artificial no es algo a lo que debamos tenerle miedo ni un peligro que haya que frenar con leyes exageradas. Al igual que el microondas o la máquina de vapor, es solo una herramienta. El verdadero secreto para que nos beneficie a todos no es inventar mil reglas nuevas, sino mantener las reglas básicas que siempre funcionaron: respetar la libertad de las personas, cumplir los contratos y dejar que la innovación progrese.

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