La rebelde de Bruselas
GIORGIA MELONI DE LA REVOLUCIÓN PROMETIDA AL REALISMO DEL PODER
Giorgia Meloni consiguió algo poco habitual en la política italiana: mantenerse en el poder durante varios años. Llegó al gobierno en octubre de 2022 prometiendo una transformación profunda de Italia: defender las fronteras, reducir la inmigración irregular, bajar impuestos, fortalecer la economía y defender los intereses nacionales frente a Bruselas.
Sin embargo, con el paso del tiempo apareció una Meloni mucho más pragmática que la candidata que llegó al poder. La pregunta entonces es inevitable: ¿Meloni realmente transformó Italia o simplemente aprendió a gobernar dentro del sistema que había prometido cambiar?
EL ASCENSO DE MELONI
En 2022, Giorgia Meloni y su partido, Hermanos de Italia, consiguieron imponerse en las elecciones y formar gobierno. Se convirtió así en la primera mujer en ocupar el cargo de primera ministra italiana.
Su discurso estaba basado en el nacionalismo, la seguridad, la defensa de la familia tradicional y el control de la inmigración.
Su llegada representó además el ascenso de una derecha que durante años había permanecido en los márgenes de la política italiana.
Pero una vez en el poder, Meloni comenzó a adoptar posiciones más moderadas y pragmáticas, especialmente en política exterior y en su relación con la Unión Europea.
La dirigente que había prometido desafiar al sistema terminó convirtiéndose en una de sus figuras más importantes.
LAS PROMESAS QUE LA LLEVARON AL PODER
La campaña de Meloni estuvo marcada por tres grandes promesas: seguridad, control migratorio y recuperación económica.
Su gobierno endureció algunas normas sobre inmigración y asilo, aumentó las medidas contra las organizaciones dedicadas al tráfico de personas y promovió acuerdos con países del norte de África.
También modificó el sistema de asistencia social italiano y reemplazó el denominado “Reddito di Cittadinanza” por programas más restrictivos.
En materia económica, impulsó reducciones de algunos impuestos y medidas destinadas a trabajadores y empresas.
Sin embargo, varias de las grandes reformas que había anunciado encontraron obstáculos políticos, judiciales o parlamentarios.
La reforma judicial fue uno de los ejemplos más importantes: el proyecto impulsado por el gobierno terminó siendo rechazado en referéndum.
La conclusión resulta incómoda para ambos lados: Meloni consiguió gobernar, pero no necesariamente consiguió hacer todo lo que prometió.
INMIGRACIÓN: ¿PROMESA CUMPLIDA?
La inmigración fue probablemente el tema más importante de la campaña de Meloni.
Las llegadas irregulares por vía marítima disminuyeron respecto de los niveles máximos registrados antes de su gobierno. Sin embargo, el fenómeno está lejos de desaparecer.
Durante 2025 llegaron a Italia más de 66.000 migrantes por vía marítima, demostrando que el problema continúa siendo una cuestión central para el gobierno.
Uno de los proyectos más polémicos fue el acuerdo con Albania para instalar centros destinados a gestionar determinados casos de migrantes y solicitantes de asilo. La iniciativa encontró numerosos obstáculos jurídicos y terminó funcionando de una manera diferente a la planteada originalmente.
Pero existe una paradoja todavía mayor.
Mientras Meloni mantiene un discurso duro contra la inmigración irregular, su gobierno también impulsa mecanismos para facilitar la entrada legal de trabajadores extranjeros que Italia necesita.
Es decir: menos inmigración irregular no significa necesariamente menos inmigración.
ECONOMÍA Y EMPLEO
En materia económica, el balance es más complejo.
Italia consiguió mejorar algunos indicadores laborales durante el gobierno de Meloni. El empleo alcanzó niveles elevados y el desempleo disminuyó.
También se produjo una reducción del déficit público, lo que ayudó a mejorar la percepción de estabilidad financiera del país.
Pero Italia continúa teniendo un problema estructural: el crecimiento económico es extremadamente bajo.
Las previsiones para 2026 apuntan a un crecimiento cercano al 0,5%, mientras que la deuda pública continúa alrededor del 139% del PIB.
Además, Italia arrastra desde hace años problemas relacionados con la productividad y los salarios.
Por eso, sería exagerado decir que la economía italiana se encuentra en una catástrofe, pero también sería difícil hablar de un gran milagro económico provocado por Meloni.
Hay más empleo, pero todavía falta crecimiento.
MELONI Y LA UNIÓN EUROPEA
Quizás uno de los mayores cambios de Meloni ocurrió precisamente en su relación con Europa.
Durante años, la dirigente mantuvo un discurso crítico hacia determinadas políticas de la Unión Europea y defendió una mayor soberanía nacional.
Sin embargo, una vez llegada al gobierno, optó por el pragmatismo.
Italia continúa formando parte del núcleo europeo, utiliza los fondos europeos y mantiene una relación estrecha con Bruselas.
Meloni no eligió enfrentarse permanentemente con la Unión Europea. En cambio, intentó aumentar el peso de Italia dentro de ella.
Esto representa una de las grandes contradicciones de su gobierno:
La política que prometía desafiar a Bruselas terminó intentando influir en Bruselas desde dentro.
Y esa estrategia probablemente sea una de las razones de su estabilidad política.
MELONI Y LA POLÍTICA EXTERIOR
En política exterior, Meloni también tomó decisiones que la alejaron de algunos sectores más radicales de la derecha.
Italia permaneció firmemente dentro de la OTAN y Meloni mantuvo su respaldo a Ucrania frente a Rusia.
También fortaleció la relación con Estados Unidos y buscó aumentar el protagonismo italiano en el Mediterráneo.
Su estrategia puede resumirse en tres palabras:
Nacionalista en el discurso, atlántica en seguridad y pragmática en Europa.
Esta posición le permitió convertirse en una de las dirigentes europeas con mayor presencia internacional.
Sin embargo, también generó críticas entre quienes esperaban una política exterior más independiente de Washington o más confrontativa con las instituciones europeas.
¿QUÉ CAMBIÓ REALMENTE EN ITALIA?
Esta es la pregunta fundamental.
Meloni consiguió algo que durante décadas parecía difícil en Italia: estabilidad política.
Su gobierno logró mantenerse durante un período excepcionalmente largo para los estándares de la República Italiana.
También puede mostrar algunos resultados favorables en materia de empleo, reducción del déficit y disminución de las llegadas irregulares respecto de determinados períodos anteriores.
Pero las grandes transformaciones prometidas no se concretaron completamente.
La economía continúa creciendo lentamente. La deuda pública sigue siendo enorme. La inmigración continúa siendo un problema. Varias reformas institucionales encontraron obstáculos y algunas de las promesas más radicales de su campaña fueron moderadas una vez que llegó al gobierno.
Y aquí aparece la paradoja de Giorgia Meloni.
Llegó prometiendo una revolución, pero terminó demostrando que sabía gobernar dentro del sistema.
Para sus seguidores, esto es pragmatismo: Meloni consiguió estabilidad, fortaleció la posición internacional de Italia y evitó convertir al país en un nuevo foco de inestabilidad europea.
Para sus críticos, es una transformación incompleta: muchas de las promesas que llevaron a Meloni al poder terminaron diluyéndose frente a las dificultades de gobernar.
Quizás la mejor definición sea una tercera:
Giorgia Meloni no cambió completamente Italia. Cambió, sobre todo, la manera en que la derecha italiana podía gobernarla.
Y esa será, finalmente, la verdadera prueba de su legado: determinar si su gobierno fue el comienzo de una transformación profunda o simplemente una etapa de estabilidad dentro de los mismos problemas que Italia arrastra desde hace décadas.

L’analisi è interessante, ma credo che confonda la stabilità con la trasformazione e il pragmatismo con il successo.
ResponderBorrarMeloni è effettivamente riuscita a fare qualcosa di poco comune in Italia: rimanere al governo per un periodo molto lungo. Ma il fatto che un governo duri non significa necessariamente che abbia risolto i problemi strutturali del Paese.
In politica estera, la sua posizione chiaramente atlantista e il sostegno all’Ucraina mostrano proprio fino a che punto sia arrivato il suo pragmatismo. La Meloni del governo è diventata molto più moderata rispetto alla Meloni dell’opposizione.
Ed è qui che emerge la principale contraddizione: è arrivata al potere denunciando le élite europee, criticando determinate politiche migratorie e promettendo un recupero della sovranità italiana, ma una volta al governo ha dovuto negoziare continuamente con Bruxelles, i mercati, Washington e con gli stessi vincoli economici dell’Italia.
Questo può essere interpretato come maturità politica, ma anche come dimostrazione dei limiti reali del suo progetto.
Sull’immigrazione, per esempio, ridurre determinati flussi irregolari non significa aver risolto il problema migratorio. Lo stesso vale per l’economia: migliorare alcuni indicatori relativi all’occupazione o al deficit non significa aver risolto la bassa crescita, l’enorme debito pubblico, la produttività o l’invecchiamento demografico.
Per questo cambierei la conclusione dell’articolo.
Meloni non ha fatto una rivoluzione, ma non è stata nemmeno semplicemente un’amministratrice del sistema. Ha fatto qualcosa di forse ancora più importante: ha dimostrato che una destra nazional-conservatrice poteva arrivare al governo italiano senza rompere con l’Unione Europea, la NATO o i mercati internazionali.
La vera domanda non è se Meloni abbia ottenuto stabilità. Questo lo ha già dimostrato.
La domanda è quanto del suo progetto originale sopravviverà dopo anni di governo.
Perché governare all’interno del sistema è una cosa. Cambiare il sistema dall’interno è tutt’altra cosa.
Bisogna riconoscere una cosa a Meloni: ha dimostrato che si può arrivare al potere con un forte discorso di destra e, allo stesso tempo, avere la responsabilità di governare senza trasformare l’Italia in un Paese isolato o instabile.
ResponderBorrarNon ha mantenuto assolutamente tutte le sue promesse, ma ha ottenuto qualcosa che molti governi italiani non sono riusciti a ottenere: stabilità.
Il suo pragmatismo non significa necessariamente che abbia abbandonato i suoi principi; può anche significare che ha capito che governare è diverso dal fare campagna elettorale.
Mantenere una forte identità nazionale, difendere gli interessi italiani e allo stesso tempo conservare buoni rapporti con l’Europa, gli Stati Uniti e la NATO è una strategia molto più intelligente che cercare continuamente lo scontro.
Forse la più grande forza di Meloni non è aver cambiato l’Italia da un giorno all’altro, ma aver dimostrato che la destra può governare per anni senza trascinare il Paese in una nuova crisi politica.
Io sono un sostenitore convinto di Giorgia Meloni e non ho problemi ad ammettere che alcune cose del suo governo mi hanno deluso. L’ho votata perché prometteva una svolta profonda, soprattutto sull’immigrazione, sulla sicurezza e sulla difesa della sovranità italiana. Invece, una volta al governo, ha dovuto moderare molte delle sue posizioni.
ResponderBorrarSull’immigrazione, per esempio, mi aspettavo una linea molto più dura e risultati più rapidi. Sulla burocrazia e sulle tasse, la svolta promessa è stata più lenta di quanto avrei voluto. E in politica estera, pur comprendendo la necessità di mantenere l’alleanza con gli Stati Uniti e la NATO, a volte mi chiedo se l’Italia non potrebbe difendere maggiormente i propri interessi invece di seguire automaticamente le posizioni dei suoi alleati.
Detto questo, non considero queste critiche sufficienti per cancellare ciò che Meloni ha fatto bene. Ha dato stabilità all’Italia, ha restituito peso internazionale al Paese e ha dimostrato che una destra patriottica può governare senza portare l’Italia fuori dall’Europa o trasformarla in uno Stato isolato.
La mia critica, quindi, non è che Meloni sia diventata troppo pragmatica. È che vorrei che usasse il pragmatismo per realizzare più concretamente le promesse con cui è arrivata al governo.
Perché se l’ho sostenuta per cambiare le cose, non voglio semplicemente una Meloni capace di governare il sistema. Voglio una Meloni capace di cambiarlo.
Giorgia, ci avevi promesso di cambiare l’Italia. Invece, dopo anni di governo, troppe promesse sono rimaste slogan.
ResponderBorrarCi avevi parlato di difendere gli italiani, di ridurre le tasse, di combattere l’immigrazione illegale e di restituire dignità alla politica. Ma governare non significa soltanto fare dichiarazioni forti davanti alle telecamere: significa risolvere i problemi.
Gli italiani continuano a fare i conti con salari bassi, costo della vita, sanità in difficoltà e giovani che cercano un futuro all’estero. E mentre ci chiedete sacrifici, la politica continua troppo spesso a vivere in una realtà parallela.
Hai costruito gran parte della tua forza sull’idea di essere diversa dalla vecchia classe politica. Ma il rischio è diventare esattamente ciò che dicevi di voler combattere: un’altra politica di promesse, compromessi e slogan.
Non ti chiedo miracoli. Ti chiedo risultati.
Perché governare l’Italia non significa vincere le elezioni. Significa meritarsi, ogni giorno, la fiducia degli italiani.
E quella fiducia non è un assegno in bianco.
Meloni, il problema non è che tu sia Mussolini. Il problema è che a volte sembri non capire perché noi italiani dovremmo avere paura di ripetere quella storia.
ResponderBorrarMussolini arrivò promettendo ordine, grandezza nazionale e un’Italia finalmente rispettata. Anche tu hai costruito parte del tuo consenso parlando di patria, sicurezza, identità e orgoglio italiano.
Ma l’Italia ha già pagato un prezzo enorme quando il nazionalismo è diventato culto del capo e quando la propaganda ha cominciato a contare più dei risultati.
La differenza fondamentale è che oggi viviamo in una democrazia e tu sei stata eletta attraverso le istituzioni repubblicane. Ed è proprio per questo che dovresti essere la prima a difenderle, anche quando limitano il tuo potere.
Non abbiamo bisogno di un nuovo Duce, né di una sua imitazione moderna. Abbiamo bisogno di un governo che dimostri che l’Italia può essere forte senza smettere di essere libera.
Perché la storia non si ripete sempre nello stesso modo. A volte ritorna attraverso parole che sembrano innocue, finché qualcuno dimentica dove possono portare.
A volte guardo Meloni e mi sembra più la versione italiana di Milei che una premier che governa pensando all’Italia.
ResponderBorrarTroppo tempo passato a cercare lo scontro ideologico, a fare discorsi per il pubblico internazionale e a costruire un’immagine politica, mentre gli italiani continuano ad avere problemi concreti: stipendi, costo della vita, sanità e futuro dei giovani.
Meloni dovrebbe ricordarsi che non è stata eletta per essere la “fidanzata politica” di Milei né per fare da influencer della destra mondiale. È stata eletta per governare l’Italia.
Meno slogan, meno propaganda e più risultati. Perché alla fine gli italiani non vivono di tweet e conferenze: vivono in Italia.
Qui secondo me Sin Coacción sta sbagliando. Una cosa è criticare Meloni quando è giusto farlo, un’altra è attaccarla a prescindere, soprattutto quando governa rappresentando un’alternativa alla sinistra populista e al wokismo che tanto critichiamo.
ResponderBorrarSe difendiamo la libertà, il merito, la sicurezza e la difesa dell’identità nazionale, perché finiamo per fare il lavoro della sinistra?
Non serve trasformare Meloni in una santa né giustificare ogni sua decisione, ma nemmeno possiamo cadere nella logica di demolire qualsiasi politico di destra perché non soddisfa al 100% le nostre aspettative.
Se Sin Coacción vuole essere davvero critico con tutti, benissimo. Ma se ogni volta che governa qualcuno di destra finiamo per dedicargli più attacchi che alla sinistra, allora bisognerebbe chiedersi: che cosa stiamo davvero difendendo?
Criticare la destra quando sbaglia, sì. Fare opposizione come se fossimo la sinistra populista e woke, no.
Ma sei serio? Sei proprio un idiota, imbecille. Criticare Meloni non significa essere di sinistra, populisti o woke.
BorrarSe un governo di destra sbaglia, lo si critica. Punto. Non siamo tifoserie calcistiche: non dobbiamo difendere un politico solo perché appartiene allo schieramento che ci piace.
Se per te essere di destra significa applaudire qualsiasi cosa faccia Meloni, allora il problema non è Sin Coacción: è il tuo modo ridicolo di intendere la politica.
Il problema dell’Italia non è il Sud in quanto tale, e chi lo riduce a questo dimostra di non capire nulla. Il vero problema sono decenni di politiche sbagliate, clientelismo, criminalità organizzata, inefficienza amministrativa e un enorme divario economico tra Nord e Sud.
ResponderBorrarIl Mezzogiorno non è il nemico: è una parte dell’Italia che continua a essere lasciata indietro. Se Meloni vuole davvero governare per tutta l’Italia, dovrebbe affrontare seriamente questo divario invece di limitarsi agli slogan.
Il problema non sono i meridionali. Il problema è un sistema che da decenni non riesce a far crescere il Sud insieme al resto del Paese.
Il Nord si fa il mazzo, produce, lavora e manda avanti una parte enorme dell’economia italiana, mentre il Sud continua a piangere miseria e a pretendere che Roma risolva ogni problema.
BorrarE poi ci stupiamo se al Nord cresce la frustrazione. È facile parlare di solidarietà quando a pagare il conto sono sempre gli altri.
Il Mezzogiorno ha avuto decenni per cambiare le cose, ma tra clientelismo, inefficienza e politica locale fallimentare sembra che la responsabilità sia sempre di qualcun altro.
Prima di chiedere altri soldi al Nord, forse sarebbe il caso che il Sud cominciasse a chiedersi perché continua a sprecare così tante opportunità.
E no, non è odio contro i meridionali: è la rabbia di chi è stanco di essere trattato come il bancomat d’Italia.
Sei un idiota e pure ignorante. Prima di dare del ‘pigro’ al Sud, forse dovresti aprire un libro di storia.
ResponderBorrarTi sei dimenticato che per decenni lo sviluppo industriale del Nord è stato legato anche alle risorse, alla manodopera e al mercato del Mezzogiorno? E ti sei dimenticato dell’emigrazione interna, con milioni di meridionali che hanno lavorato nelle fabbriche del Nord contribuendo alla sua crescita?
Parlare del Sud come se fosse un peso e del Nord come se si fosse costruito da solo è una semplificazione ridicola.
Il Nord non ha ‘mantenuto’ il Sud per bontà propria, e il Sud non è semplicemente un parassita del Nord. La storia economica italiana è molto più complessa.
Se vuoi criticare il Mezzogiorno, almeno fallo conoscendo la storia. Altrimenti non stai facendo un’analisi: stai solo facendo il cretino.
Il problema con Meloni non è dire che sia Hitler sarebbe una banalità storica e una comparazione completamente sproporzionata. Il problema è chiedersi perché alcuni suoi discorsi richiamino, almeno sul piano della retorica, certi meccanismi che l’Europa dovrebbe conoscere bene.
ResponderBorrarQuando la politica trasforma la patria in una contrapposizione permanente tra ‘noi’ e ‘loro’, quando il leader diventa il simbolo assoluto della nazione e quando il dissenso viene trattato come un tradimento, è giusto fermarsi e riflettere.
Hitler non è un paragone da usare come insulto politico: è il punto più estremo della storia europea. Proprio per questo, ogni governo democratico dovrebbe dimostrare con i fatti quanto è lontano da quella deriva.
Meloni non è Hitler. Ma proprio perché non lo è, dovrebbe essere la prima a respingere qualsiasi tentazione autoritaria e a dimostrare che patriottismo e democrazia possono convivere senza trasformare l’avversario politico in un nemico della patria.
Ragazzi, con tutto il rispetto, ma prima di venire a fare la morale a Meloni e all’Italia, forse sarebbe meglio guardare un po’ ai problemi dell’Argentina. Avete inflazione, crisi economiche ricorrenti, debito, povertà e una classe politica che da decenni litiga senza riuscire a risolvere i problemi del Paese.
ResponderBorrarE invece di occuparvi di casa vostra, venite a spiegare agli italiani come dovrebbe governare Meloni? Ma dai.
Viva Meloni, viva l’Italia e viva la nostra storia! Noi italiani possiamo criticare il nostro governo quanto vogliamo, ma non abbiamo bisogno di lezioni dall’estero.
E poi una cosa non ce la toglie nessuno: l’Italia è quattro volte campione del mondo.
Quindi Sin Coacción, prima di attaccare Meloni e l’Italia, magari date un’occhiata ai problemi dell’Argentina. Poi ne riparliamo.”
Meloni, a volte mi ricorda fin troppo la vecchia Fernández, Cristina de Kirchner: tanta retorica, tante promesse e il solito rapporto ambiguo con il potere. E quando emergono dubbi e polemiche sulla gestione politica, gli elettori hanno tutto il diritto di chiedere trasparenza.
ResponderBorrarMa attenzione: dire che Meloni è ‘corrotta’ senza prove sarebbe propaganda, non critica. Se ci sono accuse concrete, che vengano indagate e giudicate dalla magistratura.
Un politico non dovrebbe essere difeso a prescindere solo perché è del nostro schieramento. Se ha sbagliato, deve risponderne.
A volte guardo Meloni e Pedro Sánchez e mi viene da pensare che, alla fine, siano molto più simili di quanto vogliano ammettere. Cambiano la bandiera, il linguaggio e lo schieramento politico, ma il metodo sembra lo stesso: populismo, propaganda e ricerca permanente del consenso.
ResponderBorrarUno parla alla destra, l’altro alla sinistra, ma entrambi sembrano sapere perfettamente come trasformare ogni problema in uno scontro politico e ogni risultato in una vittoria personale.
Meloni non è Sánchez e Sánchez non è Meloni, ma se la politica diventa soprattutto comunicazione, polarizzazione e culto del consenso, le differenze ideologiche contano molto meno.
L’Italia e la Spagna non hanno bisogno di altri leader che pensino alla prossima elezione. Hanno bisogno di governanti che pensino al prossimo decennio.
Questa è forse la cosa che mi delude di più di Meloni. Quando era all’opposizione, non risparmiava critiche alla Francia e alla politica di Macron in Africa. Il tema del neocolonialismo francese e delle responsabilità di Parigi nel continente africano faceva parte del suo discorso politico.
ResponderBorrarPoi è arrivata al governo e la realtà diplomatica ha cambiato tutto. Nel 2023 Meloni e Macron hanno iniziato a cercare un’intesa sulla migrazione, e negli anni successivi hanno intensificato la cooperazione. Nel giugno 2025 si sono persino incontrati a Roma per oltre tre ore per ricucire i rapporti.
E capisco la diplomazia: gli Stati non possono vivere di rancori. Ma allora spiegatemi una cosa: tutte quelle accuse contro Macron e la Francia erano convinzioni reali oppure erano semplicemente slogan da campagna elettorale?
Da italiano, sono sinceramente deluso. Non perché Meloni debba essere eternamente nemica di Macron, ma perché quando un politico cambia completamente tono dopo essere arrivato al potere, è normale chiedersi dove siano finite le promesse.
A questo punto quasi mi viene da dire che sono più orgoglioso di guardare l’Italia da lontano che di sentirmi rappresentato da questa politica.
Una parte enorme della cultura argentina porta con sé una fortissima eredità italiana. Milioni di italiani emigrarono in Argentina e lasciarono il segno nella cucina, nelle tradizioni, nei cognomi, nella musica, nella lingua quotidiana e persino nel modo di parlare e gesticolare.
ResponderBorrarE ti dico una cosa in tono scherzoso: se l’Italia potesse reclamarvi tutto ciò che gli italiani hanno portato in Argentina, avreste una “debito culturale” impossibile da pagare. 😂
Ma tranquilli, non veniamo certo a reclamarci il vostro Paese. L’Argentina è Argentina e l’Italia è Italia.
Quindi, argentino, quando mangi la pasta, la pizza o gesticoli mentre parli, ricordati un pochino di noi.
Viva l’Italia e viva l’Argentina!”
este es alto kukardo anda a laburar y deja de usar el traductor pelotudo hijo de mil millones de putas
BorrarOpino lo mismo, es alguien kukardo, anti pala, anti laburo, anti progreso para la argentina seguramente es un loco que se levanta a las 12 vive de planes como el procrear el muerto este seguro vive de los impuestos el polentero kukardo puto trolo salame hijo de mil puta
BorrarEste es un polentero adicto a los planes que seguramente va a la UBA de filosofía y letras que debe ir por pan y el choripan a los actos de la yegua el salame este del choripanero pelotudo adicto a qué le roben
BorrarPero míralo al pelotudo del kukardo usando traductor y yendo a la facultad de filosofía y letras hablando mal del país que lo vio a nacer al adicto al choripan de polenta nunca más van a volver planero hijo de mil puta anda a llorar le a la vieja trola de la jefa con tobillera adicto a la polenta
BorrarDevo dire che l’articolo mi è piaciuto comunque, soprattutto perché non cerca semplicemente di trasformare Meloni in un’eroina o in una caricatura negativa. Analizza le contraddizioni del suo governo e lascia spazio a interpretazioni diverse.
ResponderBorrarLavoro a CNN Italia e, proprio per questo, trovo interessante il modo in cui Sin Coacción affronta il tema: non è necessario essere d’accordo con ogni conclusione, ma è importante mettere in discussione anche quei politici che rappresentano una parte del nostro stesso campo ideologico.
Personalmente, credo che Meloni abbia ottenuto risultati importanti in termini di stabilità e peso internazionale, ma questo non significa che tutte le sue promesse siano state mantenute. Ed è proprio qui che l’articolo diventa interessante.
Un buon giornalismo non dovrebbe chiedere al lettore di applaudire o condannare un politico: dovrebbe costringerlo a farsi delle domande. E questo articolo, almeno secondo me, ci riesce.
È un’analisi interessante e, nel complesso, mette bene in evidenza la grande contraddizione di Meloni: è arrivata al potere con un discorso di rottura, ma ha finito per guidare un governo molto più pragmatico di quanto molti si aspettassero.
ResponderBorrarCredo che l’idea centrale sia corretta: Meloni non ha realizzato la “rivoluzione” che prometteva, ma è riuscita a ottenere qualcosa di molto importante in Italia: stabilità e legittimazione per una destra che storicamente aveva avuto maggiori difficoltà a governare dal centro del potere.
Tuttavia, farei alcune precisazioni. Il successo o il fallimento del suo governo non dovrebbe essere valutato soltanto in base al fatto che abbia mantenuto letteralmente le promesse elettorali. Governare l’Italia significa confrontarsi con limiti molto forti: il debito pubblico, le istituzioni europee, i tribunali, la necessità di mantenere la fiducia dei mercati e le divisioni interne alla stessa coalizione di governo.
Sull’immigrazione, per esempio, la contraddizione che evidenzi è reale: contrastare l’immigrazione irregolare e allo stesso tempo facilitare l’ingresso legale di lavoratori stranieri non è necessariamente incoerente. L’Italia ha una popolazione sempre più anziana e ha bisogno di manodopera. Il vero dibattito riguarda piuttosto l’efficacia del governo nel controllare i flussi irregolari, e su questo il bilancio è molto più discutibile.
Rivedrei anche alcuni dati e alcune affermazioni specifiche prima di pubblicare il testo, soprattutto per quanto riguarda le cifre sull’immigrazione, le previsioni economiche per il 2026 e l’affermazione relativa a una riforma della giustizia “respinta in un referendum”, perché questi punti dovrebbero essere perfettamente documentati per non indebolire un’analisi che, dal punto di vista concettuale, è ben costruita.
In definitiva, per me la conclusione più interessante è questa:
Forse Meloni non ha trasformato l’Italia quanto aveva promesso, ma ha trasformato qualcosa di altrettanto importante: ha dimostrato che una destra nazional-conservatrice poteva arrivare al governo, restarci e governare senza provocare una rottura immediata con l’Europa, la NATO o i mercati
La grande domanda sul suo lascito, quindi, non riguarda soltanto ciò che è cambiato durante il suo governo, ma anche se, dopo Meloni, sarà ancora possibile tornare alla politica italiana di prima.
Il problema dell’analisi è che sembra dare per scontato che, se Meloni non ha fatto esattamente tutto ciò che aveva promesso in campagna elettorale, allora abbia fallito. Ma governare non significa governare con una maggioranza assoluta né in un Paese isolato: significa negoziare, ottenere risorse e muoversi dentro l’UE, la NATO, i tribunali e un Parlamento.
ResponderBorrarChe abbia moderato il suo discorso? Sì. Che abbia abbandonato alcune battaglie? Anche. Ma da qui a dire che abbia semplicemente “imparato a governare dentro il sistema” c’è un salto piuttosto grande.
Anzi, forse è proprio questo il punto che l’articolo non riesce fino in fondo a risolvere: cosa vale di più, una destra che grida “rivoluzione” dall’opposizione o una destra che arriva al governo, resta in carica per anni e riesce a spostare alcuni equilibri senza mandare il Paese nel caos?
Meloni ha promesso una rivoluzione e alla fine ha fatto politica. Può deludere i suoi elettori più radicali, ma potrebbe essere esattamente questo il motivo per cui è ancora al governo.
Meloni ha prometido una rivoluzione e alla fine ha fatto politica”.
BorrarScusa, ma questo ragionamento è abbastanza imbecille. È come dire che un politico ha fallito perché, una volta arrivato al governo, ha scoperto che governare un Paese significa fare compromessi, rispettare vincoli e prendere decisioni reali invece di continuare a fare campagna elettorale.
Il fatto che Meloni abbia moderato alcune posizioni non dimostra che sia stata sconfitta dal “sistema”. Dimostra semplicemente che tra uno slogan elettorale e governare un Paese ci sono differenze enormi.
E poi c’è una contraddizione evidente: prima si critica Meloni perché non ha realizzato una rivoluzione, ma subito dopo si ammette che è riuscita a mantenere il governo, ottenere stabilità e aumentare il peso dell’Italia in Europa. Quindi qual è esattamente il criterio del fallimento?
Se l’unico modo per dimostrare di non essersi “integrata nel sistema” fosse distruggere i rapporti con l’UE, la NATO e i mercati, allora non stiamo parlando di politica seria, ma di una gara a chi rimane più fedele agli slogan.
Si può criticare Meloni quanto si vuole. Ma questo argomento è talmente semplicistico che chiamarlo “analisi” è già un complimento.