Malvinas no es una causa política

 El día de ayer, el presidente Javier Milei realizó una cadena nacional a fin de referirse a eventos recientes acontecidos en las Islas Malvinas. Conferencia por cuyo tono me encuentro gratamente sorprendido.

En primer lugar, debemos entender que el mensaje del presidente fue propulsado por las actividades recientes de la empresa Sea Lion, la cual busca extraer recursos petrolíferos circundantes a las Islas Malvinas bajo el ordenamiento jurídico británico.

Es aquí donde entra el conflicto, puesto que, desde la perspectiva del ordenamiento jurídico argentino, nuestro país reivindica la soberanía sobre las Islas Malvinas y los espacios marítimos correspondientes, incluyendo sus recursos naturales. La explotación de hidrocarburos realizada bajo la administración británica constituye, por ello, no solamente una cuestión económica, sino también un nuevo episodio dentro de la disputa de soberanía.

No quiero ahondar en las medidas, puesto que considero que es necesario, para poder brindar un análisis más completo y correcto, dar lectura al proyecto de ley que se enviará y al DNU enviado el día de hoy por el presidente de la Nación. Tal actividad me tomaré en un artículo mucho más extenso y no pretendo robarle el tiempo al lector con esto.

Lo que más quiero destacar, sin embargo, es la parte final del discurso del presidente. Aquella en la cual hace un llamado a todos los espacios políticos a dejar de lado sus diferencias y unirse por la causa Malvinas. Algo que es extremadamente importante, dado que perfectamente se pudo haber aprovechado, como inclusive yo llegué a pensar que sería, para sacar pecho de los méritos del Gobierno y cuestionar a sus predecesores. No obstante, es decir que se me cerró la boca y me encuentro sumamente feliz de que así haya sido.

Esto es, en sí mismo, una demostración de grandeza. Pues, a pesar de que lo más probable es que por detrás exista una clara estrategia política, el no utilizar la metodología populista de asignarse a sí mismo las conquistas y las luchas es, sin lugar a dudas, un mérito enorme.

Pero, a pesar de las palabras del presidente, la decepción, pese a lo esperable de la respuesta de los mismos de siempre, me parece de una bajeza humana enorme. Pues todos los políticos, cuando es 2 de abril, se rasgan las vestiduras por los veteranos, hablan de las Islas y buscan adjudicarse a sí mismos esas luchas. No obstante, cuando hay una oportunidad para demostrar unión y mostrarle al pueblo que todos van para el mismo lado y todos se interesan por el país, se busca descalificar a Milei o quitarle mérito a lo que ha buscado hacer.

Ejemplos claros de esto son Grabois en sus redes sociales y otros punteros políticos, los cuales no vale la pena ni siquiera mencionar. Estos individuos, bajo mi perspectiva, son simplemente la demostración de que el sistema político argentino se encuentra como una casa infestada de hormigas. A menos que exista una fumigación, nunca la casa podrá volver a estar limpia.

Esa fumigación debe ser la voluntad popular. Somos nosotros, los votantes, los encargados de sacarlos paulatinamente mediante las elecciones y decirles que no a todos esos candidatos que en el discurso son una cosa, pero cuando la oposición hace algo en favor de las causas que dicen defender, en vez de alegrarse y felicitarse, continúan con la descalificación y las bajadas de precio sistemáticas.

Aprovecho también para felicitar nuevamente al presidente Javier Milei, a quien es cierto he criticado en su momento por decir que ciertas características de su discurso se asemejan al populismo. Cosa de la cual no me arrepiento y que aún considero, pero son estos actos los que me hacen seguir creyendo en el Gobierno y creer, sobre todas las cosas, que no se está tornando en un populismo o, por lo menos, no de forma completa.

Antes de cerrar, agradecer al lector profundamente por su atención. Decirle que espero su opinión referida al tema y que no debemos quedarnos callados frente a los alaridos de los falsos abanderados de la Nación. Los votantes somos el último bastión que queda de la libertad y, si no somos conscientes de eso, estaremos condenados a la barbarie.

Nuevamente, muchas gracias.



Comentarios

  1. Entiendo el punto y coincido en algo fundamental: la cuestión Malvinas debería estar por encima de las disputas partidarias. Si un Gobierno toma una medida o plantea una política orientada a defender la soberanía argentina, lo razonable sería analizarla por su contenido y no rechazarla simplemente porque proviene de un espacio político que uno no comparte.

    Ahora bien, creo que hay que tener cuidado con convertir un gesto político en una prueba definitiva de “grandeza” o de que el Gobierno no está cayendo en el populismo. Que Milei haya llamado a la unidad en este discurso es positivo, sin dudas, pero una característica aislada no alcanza para definir el comportamiento general de un Gobierno.

    También me parece discutible presentar cualquier crítica a Milei como una muestra de “bajeza humana” o como falta de patriotismo. En una democracia, incluso una causa tan sensible como Malvinas puede y debe ser objeto de discusión. Se puede defender la soberanía argentina y, al mismo tiempo, cuestionar las formas, las decisiones o incluso las intenciones políticas del Gobierno.

    Y hay algo más: si realmente queremos que Malvinas sea una causa nacional y no una herramienta partidaria, deberíamos aplicar el mismo criterio para todos. No alcanza con exigirle a la oposición que deje de utilizar políticamente la cuestión mientras justificamos que el oficialismo pueda capitalizarla políticamente.

    Coincido plenamente en que los argentinos debemos ser quienes decidamos qué dirigentes continúan y cuáles no. Pero justamente por eso creo que el voto no debería funcionar como una “fumigación” contra quienes pensamos distinto, sino como una herramienta para premiar o castigar gestiones después de analizarlas críticamente.

    Malvinas merece unidad, sí. Pero unidad no significa unanimidad. Y quizás la verdadera grandeza política esté justamente en poder defender una causa común sin exigir que todos pensemos igual sobre quien la está llevando adelante.

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    1. Entiendo perfectamente y te agradezco mucho tu opinión.

      La realidad es que en el artículo simplifico una gran cantidad de cuestiones que dan lugar a que se interprete lo que digo de una manera que puede transmitir la impresión de que soy plenamente favorable a todo lo que hace el Gobierno, cuestión que no es cierta y que ya he dejado expresada en otros artículos publicados en este mismo blog.

      La idea del artículo, más bien, es señalar cómo la causa Malvinas termina partidizándose y cómo determinadas medidas son celebradas o cuestionadas dependiendo del espacio político del que provengan. Por el lenguaje simplificado y deliberadamente combativo que utilizo, entiendo que ese mensaje puede llegar a perderse.

      También coincido con vos en que defender una causa común no debería implicar unanimidad ni impedir la crítica. Mi intención no era sostener que cualquier cuestionamiento a Milei constituya una muestra de falta de patriotismo, sino criticar la utilización partidaria de una cuestión que, precisamente por su importancia, debería trascender las disputas entre partidos.

      También quisiera aclarar particularmente el uso de la expresión «fumigación», porque entiendo que puede prestarse a una interpretación que no fue mi intención. Bajo ninguna circunstancia me refiero con ella a quienes piensan distinto del Gobierno, ni considero que la discrepancia política deba ser eliminada. La expresión apunta exclusivamente a aquellos dirigentes que modifican sus posiciones, discursos o valoraciones dependiendo de quién sea el responsable de una determinada política: aquello que celebran cuando es realizado por su propio espacio político pasa a ser criticado cuando lo lleva adelante un adversario, y viceversa. La «fumigación», por lo tanto, no consiste en eliminar al que piensa distinto, sino en que los ciudadanos dejemos de otorgar nuestro voto a quienes convierten sistemáticamente sus principios en herramientas de conveniencia partidaria.

      Espero que se entienda, además, que ni yo ni este medio buscamos establecer una línea oficial respecto de ningún partido político. Por el contrario, defendemos una línea liberal y libertaria, desalineada de cualquier partido. Esto puede verse, por ejemplo, en artículos como «La peligrosa construcción de una línea oficialista en LLA», en el que se cuestiona precisamente la construcción de una posición oficialista dentro de un espacio político al que muchos liberales y libertarios adhieren.

      Nuevamente, te agradezco mucho el comentario. Este tipo de intercambios ayudan fuertemente al blog, porque permiten aclarar posiciones y también advertir cuando la forma en que planteamos una cuestión puede llevar a interpretaciones distintas de las que pretendíamos transmitir.

      Y, por supuesto, te invito a que, si alguna vez tenés una opinión que quieras desarrollar en forma de artículo, o simplemente otro comentario que quieras compartir, lo hagas mediante el formulario de contacto. Será más que bienvenido.

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