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El Chaco del "ya falta poco".

El manual perfecto para gobernar durante años sin que los resultados acompañen

En política existe una regla curiosa: cuando un gobierno lleva uno o dos años, siempre puede culpar a la herencia. Cuando lleva cuatro, todavía puede pedir paciencia. Cuando supera una década y media administrando la misma provincia, esa excusa empieza a perder fuerza.

Ese es el caso de Jorge Capitanich.

Fue gobernador del Chaco durante tres mandatos, además de haber sido jefe de Gabinete de la Nación y una de las figuras más importantes del kirchnerismo. Pocos dirigentes argentinos acumularon tanto poder político durante tanto tiempo.

Y justamente por eso también acumulan una responsabilidad proporcional por los resultados.

Porque gobernar muchos años no es un pecado.

Gobernar muchos años y seguir prometiendo exactamente lo mismo sí merece algunas preguntas.

La provincia donde el tiempo parece no pasar

Mientras otras provincias lograron diversificar su economía, atraer inversiones privadas o mejorar algunos indicadores sociales, el Chaco siguió apareciendo año tras año entre las jurisdicciones con mayores niveles de pobreza del país.

No se trata de una percepción.

Son datos oficiales que durante años ubicaron al Gran Resistencia entre los conglomerados urbanos con mayor pobreza e indigencia de Argentina. Incluso cuando dejó el gobierno en 2023, Capitanich cuestionó públicamente las cifras del INDEC, calificando la medición como incorrecta, en lugar de aceptar el diagnóstico.

Es una estrategia conocida.

Si los números no gustan...

...la culpa es del que los mide.

El discurso siempre fue el mismo

Cada campaña electoral parecía comenzar desde cero.

Ahora sí vendría la industrialización.

Ahora sí despegaría el empleo privado.

Ahora sí llegarían las inversiones.

Ahora sí comenzaría el verdadero desarrollo del norte argentino.

El problema es que ese "ahora sí" se repitió durante más de quince años.

Y cuando una promesa necesita tres o cuatro mandatos para cumplirse, deja de ser una promesa.

Se convierte en un eslogan.

Un Estado cada vez más grande

Durante los gobiernos de Capitanich, el Estado provincial fue ocupando un lugar central en la economía chaqueña.

El empleo público pasó a ser, para miles de familias, la única posibilidad de conseguir estabilidad económica.

Eso puede aliviar una crisis de corto plazo.

Pero difícilmente construya una economía fuerte.

Porque una provincia no crece únicamente repartiendo salarios estatales.

Crece cuando aparecen empresas.

Cuando llegan inversiones.

Cuando aumenta la producción.

Cuando el sector privado genera empleo genuino.

Y allí es donde aparecen las principales críticas hacia un modelo que, pese a décadas de continuidad política, nunca logró transformar estructuralmente la economía chaqueña.

El caso Cecilia, el golpe que cambió todo

En 2023 ocurrió uno de los hechos más impactantes de la historia reciente del Chaco: el asesinato de Cecilia Strzyzowski.

La investigación puso bajo la lupa al clan Sena, una organización social que había mantenido una estrecha relación política y recibido apoyo estatal durante la gestión provincial. El caso generó un enorme costo político para el gobierno de Capitanich, aunque él negó haber tenido responsabilidad en el crimen.

El debate público ya no era solamente sobre pobreza o empleo.

La pregunta pasó a ser cómo una estructura con tanta influencia política había llegado a acumular semejante poder dentro de la provincia.

Y esa pregunta sigue siendo parte del legado político de aquellos años.

Las causas judiciales

A lo largo de su carrera, Capitanich también enfrentó distintas investigaciones judiciales vinculadas con su gestión, entre ellas expedientes relacionados con tierras fiscales y el programa Sueños Compartidos. En esos casos, él rechazó las acusaciones y sostuvo haber actuado conforme a la ley. El estado de esas causas ha variado con el tiempo y no todas concluyeron con condenas.

En un Estado republicano corresponde distinguir entre una investigación y una condena.

Pero también es cierto que la reiteración de controversias alrededor de una gestión forma parte del debate político sobre su administración.

Porque aunque un expediente no termine en condena, las decisiones de gobierno igualmente pueden ser evaluadas por la ciudadanía.


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